11 sept 2010

Descartes y Descartados

Hace unos días, en la Villa 31, fue asesinado Adams Ledesma, director de un canal de TV barrial y corresponsal en la 31 del diario Mundo Villa.Si bien aún no se ha determinado el móvil del crimen, es probable que sea obra de dealers de paco, ante la posibilidad que Ledesma los desenmascarara públicamente.  Esta hipótesis es reforzada por amenazas que recibe su viuda presionándola para que abandonen la villa. Para completar los pocos datos de los que disponemos, el Sr. Ledesma era de nacionalidad boliviana y se había convertido en un referente social de su comunidad. 
Seguramente nadie se sorprenderá cuando digamos que esta muerte ha pasado prácticamente desapercibida en los medios, a pesar de tratarse de alguien que ejercía el periodismo. Pero, ¿por qué, siendo la información sobre "la inseguridad" tan abundante, tan funcional  en la creación de corrientes de opinión, justamente no haya prácticamente aparecido en ningún lado?
Y máxime, tratándose de un periodista, con la carga simbólica que tiene en esta momento. Sobre la cuestión de la inseguridad en sí, los remito al excelente post que hizo Ricardo de "Los Huevos y las Ideas",  con una serie de datos muy interesantes, que vale la pena leer.
De la realidad, de lo que pasa, siempre se representa un recorte,  un fragmento. Este recorte obedece a un determinado enfoque, es decir,  qué se querrá decir a quien. Lo que nos interesa es tratar de pensar sobre aquellas cuestiones que quedan por fuera del recorte, aquello que se descarta.
La Nación, el diario de los Mitre, suele ser invalorablemente útil en estas cuestiones. Desde sus columnas se suele denunciar "la inseguridad"  con encendida (e inflamable) retórica, mezclándola con clientelismo político (oficialista, se entiende),  pero siempre enfocado hacia "su público", clase media/media alta, de tinte conservador. La Nación, pocos meses atrás, reaccionó airadamente ante un afiche en el cual aparecían "escrachados" algunos periodistas notoriamente afines a los partidos de la oposición y a los intereses de las empresarios de la comunicación más poderosos. Situémonos, se trataba de un afiche, que fue tomado, entre otras cosas, como una suerte a la incitación a la violencia, ya que se estaba en plena discusión por la Ley de Servicios Audiovisuales, ley que estos mismos periodistas, en una condición militante, llamaban invariablemente "ley K de control de medios", o "ley mordaza". Por supuesto, ninguno de los que figuraron en el afiche mencionado tuvo problema alguno. Pero rescatemos la reacción ante el afiche, al punto de que sus "víctimas" fueron recibidos solidariamente en el Congreso de la Nación por preocupados senadores...
Las víctimas de la inseguridad que leemos y vemos con tanta frecuencia y persistencia en los medios concentrados, son siempre personas de clase media o alta, nunca villeros. La mirada que dirige La Nación al mundo de las villas suele ser la mirada del egoísmo y el menosprecio xenófobo y clasista que la caracteriza. No hace falta aclararlo: es lo que esperan sus lectores.
La muerte de Adams Ledesma necesariamente formará parte de lo descartado de las primeras planas, de las pantallas, de las columnas: es la muerte de un extranjero en una villa, y además, referente social y comunicador alternativo en una comunidad. Reconocer la muerte de Ledesma es también reconocer la necesidad de existencia de la Ley de Medios por la que tanto se luchó: comenzar a dar voz a los silenciados, a los excluídos, a los desechados, a los que nunca serán la preocupación de los grandes medios.
Podríamos decir que lo que se descarta de las noticias son las personas que se descartan de la sociedad .
Los reclamos de los villeros, su cultura, su organización, su comunicación, en buena medida se encauzan con los medios que han construido. Apartados de la sociedad, estigmatizados, hacen su intento de integración, crean identidad, buscan el progreso. Necesitan, al igual que todos, una oportunidad. Diariamente miles de personas luchan dignamente por su subsistencia, educan a sus hijos, ayudan a construir el país con su trabajo. Diariamente son discriminados, excluídos,  descartados. Hay una cadencia, una pulsación: en la medida en que los invisibilizan como personas, los visibilizan como peligro para los descartadores.
Pero no todo es ninguneo: en días muy cercanos al de la muerte de Ledesma, La Nación sí se ocupó de otras cuestiones ligadas a  las villas.
Que cada uno saque sus propias conclusiones.


 

5 sept 2010

En los Bordes del Futuro (leer más)





Lo esencial del tiempo es su trascurrir, o mejor aún, nuestro trascurrir en él.
El tiempo oficia como  privilegiado ordenador de las cosas: inicios, finales, son cortes simbólicos,  producto de la humana necesidad de convertir los sucesos en historia, es decir, otorgarles una racionalidad, un sentido.                                                                
Todo corte es arbitrario, porque implica la detención en un punto de algo que, per  se,  es fluir constante. Arbitraria también será la mirada con la que se lo abordará: siempre se piensa “desde” un lugar, desde un cierto posicionamiento.
Así,  despojados ya de la hipocresía de una supuesta objetividad,  somos libres para analizar ciertas cuestiones que nos interesa anudar desde nuestra perspectiva subjetiva.
Una de ellas es el corte transversal que ha operado el kirchnerismo en la sociedad: la ha forzado a confrontar con los fantasmas de su pasado,  ha vuelto a instalar  la política como factor de transformación, y el debate ideológico como su motor.
Y quizá, cuando pasen los años y se vaya a escribir la historia de este momento, sea ésta su contribución de mayor trascendencia.
Porque, al cabo, bien podríamos pensar que la batalla que se está dando  no involucra tan solo al presente, sino fundamentalmente al futuro.
Lo que se discute es, simplemente, el Poder: el poder de hoy, y el de orientar el futuro, el de prefigurar el trazado de las líneas en las que discurrirá mañana.

La estrategia conservadora rotula a esta disputa como algo perteneciente al orden del despojo: el “matrimonio presidencial”, suerte de asociación ilícita  conyugal, que en su desmedida ambición, “vienen por todo”, por lo que “atropellan la libertad de prensa”, autoerigida argumentalmente como último bastión de las libertades republicanas. Para llevar a cabo esta depredación digna de langostas, el matrimonio no vacila en vincular a los dueños de los mayores diarios del país a los crímenes de la dictadura. La oposición política, siguiendo las mejores tradiciones republicanas se ha alineado con los medios en defensa de la libertad.

Este planteo, además de ofrecer una imagen de sí propia de la víctima, tiene las virtudes de la supresión y el enmascaramiento: se suprime la dimensión política de la disputa,  y también el carácter de “negocio” empresario,  el reconocimiento de que las noticias también son bienes de mercado. Si algo relativo al negocio queda en pie, será del lado de la asociación ilícita conyugal,  mientras que la defensa de las libertades corre por cuenta de los medios y los sectores de la oposición alineados con ellos. Este último punto es capital para el enmascaramiento: la prensa, la “gran prensa” oficia de vidriera a los políticos que estén alineados con sus intereses; quienes respondan tienen asegurada la publicidad de sus actos, su instalación en la opinión pública por saturación de imágenes, complacencia en reportajes, sobredimensionamiento de su figura, etc.
Es decir, hay montado todo un aparato en el que los grandes grupos económicos, los verdaderos dueños del poder,  promueven a determinados grupos políticos para que les sean funcionales, es decir, construyen poder en el presente para garantizarse mayor poder en futuro. Esta es la explicación por la cual, si bien las grandes empresas están teniendo las tasas de ganancia promedio más elevadas y un mercado interno cada vez mayor, no pierden oportunidad de oponerse y desgastar al gobierno, dado que éste ha mencionado su objetivo de llegar a un reparto de 50/50  de la distribución de la riqueza entre el capital y el trabajo, lo que en el futuro podría hacerles ganar menos dinero, a la par que los actuales gobernantes no parecen ser fácilmente manipulables, ergo, no son garantes de la rentabilidad máxima siempre por advenir. Se da la paradoja, entonces, que el kirchnerismo, que es gobierno, que es “el oficialismo”, es el arma que tiene el campo popular en su lucha contra el poder.

Decíamos que la gran contribución del kirchnerismo ha sido la de devolverle a la política su lugar rector de la vida pública;  con ello ha sacudido el anestesiamiento de parte de la sociedad,  ha permitido la emergencia de lecturas de la realidad diferenciadas de las que se fabrican a diario para modelar las corrientes de opinión. Y sobre todas las cosas, promovió que volvamos a pensar en otras opciones, en otros modos de concebir la sociedad, el país, la región.
No debiera de extrañarnos que haya sido en este momento en el que se planteara la cuestión de igualación de derechos matrimoniales,  o el próximo debate sobre el aborto: hay una sociedad que comienza a romper con el rígido esquematismo de lo establecido,  minorías que pugnan por hacer visibles sus necesidades.

Será esto lo que trascenderá, lo que persistirá en el tiempo, como una bandera a ser levantada en el futuro por otras manos, que tomarán la posta simbólica, porque estamos ante los bordes del futuro.

Por supuesto, no todos los segmentos sociales tienen la misma percepción: el daño al tejido social, económico, educativo y sanitario en nuestro país ha sido de una dimensión tal, que hay una gran cantidad de excluidos para quienes la urgencia del sustento diario es el horizonte más lejano que pueden divisar.  La acción del Estado debe redoblar y concentrar su esfuerzo en incluir a estos hermanos en una sociedad más justa,  con la oportunidad de una vida sin carencias materiales esenciales.
Otro sector, donde ubicamos a parte muy importante de nuestras clases media y alta, tampoco comparte la percepción: confían mucho más en el paradigma de “lo privado” que en el de lo público. Son básicamente conservadores, aunque tengan un semblante progresista; diciéndose cultores de la moderación, no dudan en pedir mano dura policial y vendetta institucionalizada; declarándose tolerantes, defenestran sin dudar cualquier protesta social que les implique un corte de calle ó la suspensión de un servicio. Mostrándose como justos, discriminan por el color de piel. Tienen una valoración de la libertad que es la propia de “quien paga”: puedo elegir, porque para eso pago.  El caso Fibertel es  un adecuado ejemplo donde la supuesta libertad de elección se torna como el valor supremo, por encima de la legalidad, mejor dicho, ilegalidad de la licencia…por no hablar de delitos mayores.
Claro está, nunca se plantean cuál es la libertad de quien no puede pagar.
Este último segmento  está tan pendiente de no perder su status social,  su posición en una sociedad a la que concibe como un agregado de individualidades, que no se divisa como posible que se integrara a un proyecto colectivo integrador y transformador, sino más bien a promover el mantenimiento del statu quo. Seguramente tendremos que seguir nuestro camino sin ellos, o más bien, a su pesar.

La política está justamente para esto: para ser una herramienta que permita alcanzar el bienestar común, por lo que requerirá de nuestra participación, para la construcción de un colectivo integrador y dignificante. Pero fuerzas poderosas se oponen: estigmatizados como pocos, los adolescentes, de acuerdo a su condición socioeconómica,  serán catalogados como  el negrito chorro, adicto al paco y asesino, o el blanquito consumidor compulsivo, al que hay que venderle celulares carísimos. La lógica de un mercado que selecciona a quienes excluir, apartar y a quienes captar para que consuma, los equipara convirtiéndolos en objetos y enmudeciéndolos. Pero siempre hay grietas…

El fenómeno ya está en marcha,  con independencia de quienes sean sus próximos actores;  la militancia, en todas sus formas, está resurgiendo por doquier; los estudiantes secundarios  porteños son buen ejemplo: algunos son militantes de distintos partidos, otros no, pero se unen para defender sus derechos en el lugar que tienen en común: sus escuelas. Incluso entre ellos hay quienes no concuerdan con la metodología de la toma del edificio para reclamar, pero sin embargo, apoyan. Solidariamente, aunque no estén igualmente afectados, apoyan.  Debiera promover  la reflexión a algunos dirigentes que dicen estar en el campo popular, pero lo desmienten con los hechos.

Muy probablemente, nuestros pibes se estén convirtiendo en nuestros maestros.
Que así sea.



29 ago 2010

Prender y Apagar la Luz



Desde hace un tiempo me ronda la idea de escribir algo sobre un programa del canal TN, “Prende y apaga la luz”.

Seguramente el blogueraje extrañao mirará sin comprender; y algo de razón tendrá, habiendo tantos otros programas, dedicarse a éste. Pero no puedo dejar de considerar algunas cuestiones:

La primera de ellas, es que, dentro de la programación del canal mencionado, éste es el programa amigable, amable. Algo así como la contracara de la crispación. Es decir, se ofrece como un oasis en medio del desierto de inseguridad, matrimonios presidenciales corruptos e hiper ambiciosos, polémicos subsecretarios que maltratan a virginales empresarios y abogados de virginales empresarios, según denuncian indignados los legisladores guardianes de la república perdida y de la plata de los jubilados. Empresarios azorados ven cómo sus negocios, si no van a la ruina, marchan hacia la expropiación. Vienen por todo.

Nada más “friendly” que prender y apagar la luz, demostrarle al canal de la gente que lo querés, que estás con ellos. Porque no es sólo Todo Noticias, no, también es Todos Nosotros, ese que puede desaparecer, por la ley ésa de control de medios K, ¿viste? Y, ¿Cómo no vas a apoyarlo, si somos nosotros mismos? ¿No ves que nos vemos ahí, no me viste saludando?

Prender y apagar la luz, seguir la consigna de la cara “amable”, “humana” del multimedios, esa que hace gestos ante cada noticia. ¿Cómo podría mentirte ese buen pibe, el que te invita a prender y apagar la luz? ¿No ves cómo sufre cuando da las malas noticias, las únicas que pueden existir en esta tierra olvidada por Dios?
Se le nota lo mal que le hace, con las caras que pone, pero se lo banca el pibe. Después de todo eso que tuvo que pasar, nos hace prender y apagar la luz…

Quizá prender y apagar la luz permita ocultar, en parte, el terror de lo que se trata.
Porque justamente la intermitencia de la luz no permite ver claramente. ¿O esa mancha roja en el papel es sangre?

Y ya se sabe, no hay peor ciego que el que prende y apaga la luz para no pensar.

Prender y apagar la luz, acaso, termine siendo metáfora de la alternancia mentira/verdad: sostenerse como periodismo independiente. Sí, del estado, no del verdadero poder, del que forma parte, con el que moldea. Jactarse de invitar a algún programa político a alguna figura que no sea de su agrado, para compartir un “debate” con 4 o 5 de sus incondicionales, que salen a cazar en manada. Eso es democrático. Es libertad de expresión. Y temporada de caza.

Prender y apagar la luz, es posible remita a los gobiernos que han hecho subir y bajar, a quienes impulsaron y a quienes hundieron. A quienes “activan” cuando necesitan y “desactivan” cuando no conviene. (¿Qué fue de la vida de Blumberg, y de la de Antonini Wilson, cómo anda Sadous, dónde está Isidoro Graiver?)

Prender y apagar la luz, musicalizado por un ex senador de la Nación, ex gobernador de una provincia, ex actor de películas en las que disfrutaba lucir uniforme y botas militares. Ex candidato e vicepresidente.
Él tiene ese trabajo en el medio. Otros, son corresponsales en el Congreso. Especializados en darse notas a sí mismos, también su cadencia está marcada por el prende y apaga la luz al que juega el CEO, que es el amo de las perillas.
Porque el amo prenderá la luz, haciendo visible, a los corresponsales eficientes.
Y apagará la luz, invisibilizará, a aquellos tibios, irresolutos, que no estén a la altura.
En fin, volvió a perder el Rojo y estoy cansado.
Que el último apague la luz.

Mar del Plata, mi Nikon y yo: Libertad de expresión versus libertad de prensa

Mar del Plata, mi Nikon y yo: Libertad de expresión versus libertad de prensa Las mentiras están mejor repartidas de lo que se cree... Me gusta mucho tu blog Saludos

25 ago 2010

Reencuentros

(Escrito el 24/08/10, día de la denuncia sobre Papel Prensa)

Hoy, leyendo un post en  “La Cosa y la Causa”, uno de esos blogs de lectura imprescindible, vinieron a mí recuerdos de algunos de los momentos más felices de mi ya muy lejana infancia.

Corrían los años 60 en la tranquila vida de Villa Dominico, un barrio de Avellaneda donde la enorme mayoría éramos hinchas del Rojo… y aún lo seguimos siendo.

Mi abuelo, un personaje si los había en el barrio, era a quien siempre le pedía plata para ir al kiosco y comprar esas tres revistas  que alimentaban mi alma: El Tony, D’artagnan y Fantasía.

Casi podría decirse que con ellas aprendí a leer.  Y con certeza afirmo, ellas me hicieron amar la historia, me introdujeron a un mundo donde había bien y mal, héroes y villanos, justos e injustos.

Y había personajes de toda índole: desde soldados criollos como el Cabo Sabino y Martín Toro, monjes budistas blancos como Harry White, inmortales como Gilgamesh,  guerreros sumerios como Nippur de Lagash o tebanos como Argón el Justiciero.

La historieta no es un tema menor: es la historia contada de otra manera, es la palabra y el trazo del dibujante, es la múltiple  sugerencia de significación fecundada por la palabra y la imagen.

La historieta acaso tenga en común con la historia  esa artificial división del “cuadro a cuadro”; artificial porque funciona para quien lo crea, pero natural para quien lo recibe. ¿Quién repara que en una historieta hay cuadros?

Tenía un fuerte con innumerables soldaditos plásticos, y con ellos llevaba a cabo las aventuras que leía en las revistas, reproducía esa lucha de terceros excluidos entre lo que representaba el bien y lo propio del mal. 

Junto a los valores que uno fue aprendiendo en la casa y  en la escuela, también se iba nutriendo de lo que leía en esas maravillosas y coloridas historietas. Entre todas esas cosas, descubría el valor de  esos relatos en los que el héroe tenía que jugarse el todo por el todo,  donde la propia vida, ofrecida con generosidad, se decidía en un acto, y por una causa justa.

La fecha de vencimiento de la infancia llegó ese día que, -rito de pasaje, si los hay- entregué ese fuerte, y sus soldados al hermanito menor de un amigo. Toda una rendición ante la adolescencia, todo un sacrificio, donde junto a sus soldaditos se rindió el carácter épico, “la causa”.

A esta altura, quien discuta a Freud en cuanto a la impronta de lo infantil sobre lo adulto, es sencillamente un negador. O un ignorante de sí mismo.

Y uno hizo su secundaria, conoció a su amor, a su compañera para toda la vida, la universidad, los hijos, el posgrado. Comprendió en sentido pleno que su trabajo era un sostén muy importante para su familia, una base que permita desplegar alas.

¿Qué se habrá hecho de ese impulso a lo épico, a lo heroico,  que se tuvo a temprana edad?

¿Se perdió irremediablemente, o  sólo está oculto  entre los pliegues de la vida?

¿Será que lo simbólico ya se ha rendido incondicionalmente ante lo real, o que está allí, latente, en espera de reactivación?

Hoy fue un día que tuvo algo distinto. Lo distinto tuvo forma de reencuentro.

Mi adolescencia, ese lapso arbitrariamente designado  entre la niñez y la adultez, transcurrió con ruido de botas; mis heroicos soldaditos se habían convertido en secuestradores, torturadores, violadores, ladrones, apropiadores, asesinos.  El fuerte se convirtió en  campo de concentración clandestino.

A esos soldaditos ya los manejaban otras manos;  manos de titiriteros expertos que actuaban en las sombras. Los soldaditos perdieron toda dimensión heroica, todo carácter de justicia. Ya no defendían a los débiles, ya no protegían a su pueblo. Simplemente obedecían órdenes, debían promover una rendición tan incondicional como la de mi infancia.

Hoy fue un día que tuvo algo distinto. Lo distinto tuvo forma de reencuentro.

Hoy se denuncia ante la justicia que un imperio económico se edificó sobre sangre. Esa sangre, y la de muchos –demasiados- otros, consolidaron fortunas obscenas y pobrezas extremas.

Hoy se denuncia ante la justicia para que quienes fueron los titiriteros corran la misma suerte que  sus propios títeres. Amos de los que fueron amos, ensangrentados todos,  merecen compartir su destino, y nosotros merecemos que ellos lo compartan.

Hoy se ha jugado una carta muy brava contra un poder inmenso. De esas donde se juega todo a un acto, como en mis historietas infantiles. La causa judicial se llamará, seguramente, “Papel Prensa”, también podría llamarse “ilusiones recuperadas”.


Tengo que agradecer, por lo tanto, estar viviendo este momento histórico, momento donde volvemos a reencontrarnos con ciertas épicas que, latentes, quizá habíamos dado por perdidas.
Tengo que agradecer, entonces, haber recuperado, en algún punto, ese hermoso tesoro caído en el olvido.  Queda como consuelo, en todo caso, que si bien la infancia irremediablemente se ha perdido, ciertas ilusiones se recuperan.

Al cabo, este reencuentro con los valores de la propia infancia, quizá no sea más que comenzar a bosquejar el dibujo de la historia que estamos legando a nuestros hijos.  

Un recuerdo de los 80: Informe sobre la Situación, Víctor Heredia


16 ago 2010

Ah, blogueros K

Días atrás, un periodista de apellido Roberts publicó en La Nación una nota sobre los blogueros K; nota ésta que, per se, no tiene valor, dado que no agrega nada novedoso a la opinión ya conocida de ese diario (y también de  Clarín). No amerita, entonces, que nos detengamos en ella, cosa que ya han hecho y con muy buen nivel en otros blogs. Pero sí quizá provea la excusa para reflexionar sobre lo que es nuestra actividad bloguera, sus por qué y sus para qué. 
Convengamos, en primer término, que lo que digamos en este escrito refleja únicamente la mirada de nuestro blog, no pretendiendo asumir representación alguna del resto de los blogs del campo nacional y popular. 
Decíamos que pretendemos reflexionar sobre el por qué y el para qué escribimos; este blog, como espacio con continuidad, fue hijo del resultado de las elecciones del 28 de Junio de 2009.  La mayoría de nuestros blogs nació entre 2008 y 2009, cuando el proyecto político encarnado por el kirchnerismo y aliados parecía hundirse ante el avance de la derecha. 
La visión que instalan los grandes medios es que seríamos algo así como una corporación de tipos a los que el gobierno les paga por hablar bien de él y denostar a opositores, pero como si fuera un algo organizado, un demoníaco monstruo de mil cabezas, presto a devorar a quien piense distinto. 
Claro, no es de su conveniencia mostrar que fuimos naciendo, cada blog,  en la medida en que se nos imponía por sobresaturación, una representación única de la realidad, emanada desde los grandes intereses corporativos; donde patronales que instigaron todos los golpes de estado se declamaban defensores de la institucionalidad democrática y de los derechos de los ciudadanos, donde una claque de políticos serviles, que nos empujaron durante décadas a la miseria (económica y moral) se arrogaban ser campeones de un republicanismo hueco. ¿Habrá que recordar, a esta altura, que la realidad fabricada de los grandes medios allá por el 2008 era unívoca, sin aristas ni matices, por lo tanto, autoritaria?  No, nunca explicarán que luchar contra esto está en nuestro origen.
Así como tampoco jamás reconocerán nuestra independencia, que es absolutamente ética: nuestro blog se asume conscientemente dentro de una postura ideológica, dentro de una visión del mundo democrática, igualitaria, inclusiva, plural. 
No ocultamos lo que nos anima; no hablamos desde ninguna objetividad: somos absolutamente subjetivos porque nos sentimos parte de la historia que se está transformando. Las empresas periodísticas  presentan la máscara  de su supuesta “objetividad”, que es la manera de encubrir los intereses que las guían. 
Nadie determina una sola letra de nuestros escritos. No tenemos obligación alguna de escribir para nadie. Simplemente escribimos porque va en la línea de nuestro deseo. 
Cada blog es un mundo. Somos una pluralidad de voces que, bajo el manto de lo que suele llamarse “lo nacional y popular”  aportamos cada uno sus ideas, su mirada propia, su color, sus temas. Hay blogs que son eminentemente periodísticos, con información y análisis diarios, otros, más reflexivos, más temáticos, de aparición más esporádica.  
Un detalle que no suele mencionarse: no todos nuestros blogs son necesariamente “K”: algunos de ellos (y muy buenos) son, por ejemplo, de amigos que participan del ideario de  Proyecto Sur; otros, peronistas, progresistas: nada nos impide leernos y comentarnos con el mayor de los respetos, plantear nuestras diferencias y nuestras coincidencias. Este es otro punto que le sale mal: no somos sectarios, no bebemos de la fuente del pensamiento único. 
El comentario, la lectura que hacemos del mensaje del otro, ésa es nuestra riqueza. No nos encapsulamos en nuestro pensamiento simplemente “bajando línea” como nos suelen etiquetar; al contrario, nos enriquecemos mutuamente en nuestra diversidad, en nuestra multiplicidad de miradas, en cada lectura.  
No hay, como en grandes diarios, una columna escrita por “alguien que sabe” y un espacio dedicado a los lectores. En nuestros blogs, la lectura del otro forma parte del texto mismo. Esta horizontalidad  es la que enriquece: es absolutamente frecuente que a partir del comentario de un texto se generen nuevos textos, se enriquezcan las temáticas, se abrochen cuestiones que en apariencia pertenecían a otro orden. Es de esta manera que nuestros textos toman vida, porque tenemos la alegría y la frescura de escribir sobre lo que queremos. ¿Podrá decirse lo mismo desde un diario? 
Otra manera de descalificarnos es la de presentar las producciones de los blogs como construcciones rudimentarias, rústicas, carentes de estilo, proselitismo barato hecho por  mediocres. Otro mito que se derrumba: hemos leído cosas maravillosas en los blogs, elevadas, disparadoras de pensamiento. ¿O acaso las racionalizaciones apolilladas y etimológicas de Grondona ó el odio intelectualizado de Morales Solá son el techo de la cultura?   ¿Aguinis quizá nos debiera guiar hacia el bien escribir? (y bien pensar, claro) 
En contraposición a la rutinaria tarea de intentar demoler al gobierno e intentar instalar alguna figura opositora como bandera, nuestra temática es absolutamente infinita: hablamos tanto de bombachas contaminadas como de cenas obs-cenas; de papel de diario barato y de programas cuya gracia es prender y apagar la luz. 
Nuestra independencia también se hace evidente porque tenemos capacidad de instalar nuestros temas en la blogósfera,  sin necesitar como condición sine qua non que el estímulo provenga de un diario. No tenemos detrás de nosotros un patrón que imponga el tema y la línea editorial. Esto también hace a la libertad de pensamiento, y a la posibilidad de crear. 
Se nos critica desde los diarios justamente por hacer objeto de análisis y crítica a ellos, y a sus periodistas estrella, marketineros de la noticia. Lamentamos mucho la pérdida del beneficio exclusivo que habían tenido hasta ahora de convertirse en jueces de la sociedad, pero, bueno, comprendan que suscribimos ideas antimonopólicas… 

Cuando se nos intenta presentar como una roca, un obstáculo rígido y duro puesto allí, demostramos ser agua, escurrirnos entre sus dedos, porque no obedecemos a nadie, a nadie más que al deseo de expresar nuestras ideas. Quizá por esto de vez en cuando, y con mayor frecuencia nos mencionan: no les somos indiferentes, y quizá, alguno, secretamente, sienta cierta envidia, o cierta nostalgia,  por quienes no han vendido su alma al diablo.


9 ago 2010

Lenguaje, Política y Construcción de la Realidad (leer más)

El hostigamiento permanente y sistemático al gobierno nacional por parte de ciertos sectores políticos, mediáticos, empresariales y eclesiásticos, debiera de hacer sospechar hasta al lector más desprevenido acerca de la naturaleza de tales críticas. Lo que nos interesa indagar es bajo qué paradigmas se formulan, a qué construcción no explicitada de la realidad contribuyen. Sostenemos que debe explorarse en el marco ideológico que las determinan para determinar su finalidad, y serán ciertos significantes privilegiados escuchados en los últimos años los que constituya nuestra guía; tratar de descubrir sus relaciones y determinaciones, sus dimensiones de ocultamiento y descubrimiento.
Tomaremos, sólo como introducción, y sin pretender repasar su historia, algunos puntos privilegiados de esta relación entre lenguaje, política y construcción de la realidad.
La dictadura instaurada en 1976 tuvo dos slogans que, combinados, la describen inmejorablemente: uno, propaganda de su política económica destructora de la industria, rezaba “achicar el estado es agrandar la nación”; el otro, originado en una campaña contra ruidos molestos, decía lacónicamente: “el silencio es salud”. Tratándose de una dictadura sangrienta que hizo desaparecer 30.000 personas para instaurar un plan económico y un proyecto de país autoritario y concentrado, el mensaje de sus slogans era claro: el precio de hacer oír una voz disidente era el silencio de la desaparición.

“En algo habrá andado”, frase murmurada popularmente, fue la justificación ideológica de “el silencio es salud”. Podríamos traducirlo: por creer en la política como herramienta de transformación, por militancia sindical o estudiantil, se justificaba un destino funesto.
No importaba si la participación política se había dado bajo la forma de lucha armada, trabajo social en la villa o comisión gremial en la fábrica: todo daba lo mismo, en algo andaban.

Esta cuestión, ¿habrá pasado sin dejar rastros en la sociedad, o habrá que buscarlos bajo otros ropajes? Tal vez una pista la de la política de Derechos Humanos sostenida desde 2003: siempre resultó llamativo el encono que en muchas personas de clase media generaba este apoyo tan claro y explícito a los organismos en su lucha por juicio y castigo a los responsables y ejecutores de desapariciones, torturas, violaciones y apropiación de niños. Muchos de estos críticos suelen sostener que se trata de una venganza, que debieran de “olvidar estas cuestiones del pasado y mirar para adelante”, porque son las “madres de los terroristas” las que reclaman, y ellos (NK y CF) los apoyan porque “también fueron montoneros”: es decir, “en algo habrán andado”.

Círculos que se cierran sobre sí mismos, instalan la lógica de dos demonios en pugna, construyendo el relato de una guerra en la cual se relativiza el horror procesista.
Conviene no perder de vista esto, porque suponemos constituye un pecado de origen en la construcción de cierto imaginario: uno de los demonios está vencido, enjuiciado, condenado. El otro es quien lo persigue.

Enemigos poderosos, los medios han escrito la letra de la obra y facilitado el escenario; la cuestión será recitar la parte que corresponda en el momento adecuado: ya sea la claque política, ya sea el “periodismo independiente”, deberá recorrerse un camino que destaque la diferencia entre el consenso y la crispación, entre la declamación de un eficientismo desprovisto de política (donde se equiparan la empresa y el gobierno) y la política como guía, y así una seguidilla de pares antitéticos que inexorablemente conduzcan a la conclusión que estamos siendo gobernados por seres cuyas ansias de venganza solamente sean comparables con su ambición personal, con su desapego al respeto institucional, y con su pretensión de eternización en el poder. Repítase esto mismo, variando los actores, en distintos canales de TV, radios y diarios; háganlo un día, dos, o tres. Organicen programas donde unos actores políticos hablen de lo que han dicho los otros; promuevan que lo que fue la entrevista radial de hoy a la mañana se convierta en la nota del canal de noticias por la tarde (con repetición a la noche) y se publique en el diario de mañana por la mañana. Haga notar en sus programas que esto no es una consigna suya, sino que recoge lo que dice “la gente”; en lo posible, intercale una nota sobre la inseguridad, e instruya al notero para que pregunte si se siente protegido cuando acaban de matarle un familiar o un amigo. Multiplíquelo por los canales y diarios, apunte a escandalizar en la transmisión boca a boca, con titulares tremendos, aunque el cuerpo de la noticia termine teniendo otro tenor. No importa, porque “la gente” sólo lee los titulares.
Procure que los zócalos de los noticieros vayan sesgando los dichos de la claque política de turno con una minuciosa selección de lo más escandaloso y descalificador, pero por favor no pierda de vista que debe hacer un programa de prender y apagar la luz, porque hay que demostrar buena onda, ya que para crispados están los K.
Llegado ese punto, será el momento de descansar de los sinsabores de la política, escuchando las opiniones de los expertos en economía, que dicen que en realidad todo es un engaño, porque el “IndeK” dice los números que ellos consideran publicables, y que, en corto tiempo, la economía va a sincerarse y caeremos en el infierno al que nos conducen. Por supuesto, cuando al poco tiempo no se verifican los vaticinios catastróficos, siempre se podrá recurrir al viento de cola, a la extraordinaria cosecha que se obtuvo por el aporte de nuestros productores rurales, a la sequía de un país que ni siquiera conocíamos, o simplemente, como desde su cinismo dice Lanata: los Kirchner tienen culo…

Detalle importante: nunca se discutirá sobre ideología, ergo, no es de esperarse un debate de ideas sobre el rol del Estado. Y esta es una sutileza no menor: el catecismo de buena parte del conglomerado opositor puede definir el rol del Estado en una sola frase: que no se meta. Porque el Pecado de Origen reaparece: es el rol del Estado en la búsqueda de la Justicia Social, otra manera de nombrar el “en algo habrán andado”. Lo interesante es que lo que no logran aprehender: la pérdida de eficacia que gradualmente tiene la batería de significantes inconexos que utilizan: ¿a quién crispa ahora “la crispación”? Solamente a aquellos que están dispuestos a escucharla.
Tiene los mismos efectos que el discurso de Biolcatti en la Rural: no lo creyó ni quien lo profería, pero “sus bases” se lo reclamaban. No logran hacer cadena en el tejido simbólico de la sociedad, porque caen uno a uno mitos que los sostienen: el “consenso”, licuado por las disputas por candidaturas; la idea de la eficiencia empresaria aplicada al manejo del Estado, alejada de la “suciedad de la política” destrozada por el catrasquismo
de Macri. Pero esto, más allá de lo coyuntural, no es buena noticia. Una buena oposición es un debate con fecundidad, con amplitud de miras, con profundidad ética. Necesitamos una oposición que exija para el bien común, sea quien sea quien gobierne.

Quizá pudiera darse una situación más racional si los cuestionamientos opositores tuvieran una entidad “más seria”, como para promover en quienes acompañamos a este gobierno un grado mayor de exigencia de calidad. En lo personal, tengo varias objeciones, pero con la particularidad que no suelen ser coincidentes con las que soy bombardeado diariamente. No puedo creer las argumentaciones de quienes contaminan bombachas para dilatar el momento de afrontar la verdad (y la pena) de haber colaborado en la apropiación de menores; de quienes mediante la extorsión se quedaron en posición privilegiada para apoderarse del papel de diario y condicionar su competencia; y fundamentalmente, cómo creer en los políticos que tristemente parecen marionetas de los dueños del país; está demasiado cercano aún el eco del “que se vayan todos” al que ellos mismos empujaron. Porque la apuesta del Neoliberalismo, de los dueños del país, es la antipolítica, es decir, la política subordinada al diktat de sus propios intereses, pero aparentando ser los nuestros.

31 jul 2010

El Poeta, la Cruz y la Mar

Dijo una voz popular
¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Oh, la saeta el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar.

Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la Cruz

Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores

¡Oh, no eres tú mi cantar,
no puedo cantar ni quiero
a este Jesús del madero,
Sino al que anduvo en la mar

Hermoso y sentido poema de Antonio Machado, gran poeta de la República Española, a quien pude descubrir muchos años atrás, en tristes tiempos, gracias al inmenso Joan Manuel Serrat.

Se escuchó, en estos días, a la jerarquía de la Iglesia Católica y sus “periféricos”, con argumentaciones donde el absurdo, el fanatismo, la intolerancia y el carácter de obsoleto, detenido en el tiempo, competían entre sí.

En el post "Acerca del Plan de Dios" decíamos que la cúpula eclesiástica, al sostener que el casamiento entre personas del mismo sexo ofende al plan de Dios, se presentaba como intérprete de dicho plan. El escrito concluía que seguimos siendo tan ignorantes como siempre del plan de Dios, pero sabemos mucho más sobre los planes de Bergoglio.

Pero, ¿será privativo del pensamiento católico este aferrarse al oscurantismo? Opinamos que es un círculo más amplio, que tributa a lo que podemos llamar el pensamiento dogmático.
En efecto, además del “elenco estable” del ultracatolicismo militante con sus pancartas de Cristo rey, las viejas derechas, Pando y sus odios, etc. debe incluirse una importante cantidad de personas, no necesariamente religiosas, no necesariamente católicas, pero con una concepción de la sociedad y la familia no abierta a reconocer emergencia de ciertos cambios, porque eso significaría el derrumbe de su universo simbólico, que ya viene vacilando por otras cuestiones. El dogma, cualquiera y todos, requiere de la inmovilidad.
Es la quietud del cementerio la que trae paz al conservador, es la certeza de ver a Cristo en la cruz, porque “ese” es su lugar. ¿Metafísica? No, certeza.
Cristo en la cruz es el mundo en su orden: los de arriba, arriba. Los de abajo, donde corresponde.
Más allá de cuestiones confesionales, su religión es la del egoísmo, la seguridad, la propiedad. Necesitan un orden inmutable porque su concepción del mundo así lo exige: por un lado, la buena gente, que suele estar representada por gente blanca de clase media o más, educada en colegios privados, obviamente heterosexuales, dispuestas a dejar una progenie que reproduzca y perpetúe ese Standard sociocultural, mientras que del otro lado del muro estarán aquellos que nunca accederán: los condenados por el color de piel, la insuficiente educación, la orientación sexual, la pertenencia política, los que nunca serán “la gente”. Al cabo, vacas para lucir cucardas en la Rural, y vacas para ser llevadas al matadero.

Así como en 2008 fueron los Patrones del Agro los que lideraron y encausaron al sector más reaccionario de la sociedad; así ahora la Iglesia Católica se ha puesto a la cabeza del mismo sector, hoy por el matrimonio civil de personas del mismo sexo, mañana, cuando se trate inexorablemente el problema del aborto, que causa tantas muertes de jóvenes mujeres pobres.
Pero, por otro lado, se debe hacer justicia a quienes han subvertido ese mundo desde adentro: un puñado de sacerdotes, alguno de Buenos Aires, y otros de Córdoba. Desde dentro de la institución Iglesia, donde se hubiera esperado que vistieran uniforme de cruzado y quemaran herejes, salieron a sostener que la orientación sexual de una persona no la define en tanto tal, no la hace mejor ni peor, ni más ni menos digna. Podríamos pensar que según su interpretación del Plan de Dios, son sus hijos tanto como los demás: el Jesús que anduvo en la mar, el Jesús que compartió.
A uno de estos sacerdotes ya se le impartió prohibición de celebrar misa, es decir, el contacto con las personas por excelencia en el rito católico, primer paso para el Juicio Canónico, mientras que pedófilos y cómplices de torturadores, violadores y asesinos, que tienen condenas por la justicia secular, gozan de la ausencia de justicia eclesiástica. Aquí se evidencia in extremis, un mensaje: se puede abusar sexualmente de niños, se puede confortar, perdonar y bendecir a torturadores, violadores y asesinos, pero no se puede discutir aspecto alguno del dogma. Al cabo, una escala de valores a medida del objetivo mayor: la perdurabilidad de la institución y su influencia.
Y recordamos a Angelelli, a Mujica, a los Palotinos, a las Monjas de la Santa Cruz, al movimiento de curas del Tercer Mundo, la Teología de la Liberación, a la revolución sandinista en Nicaragua, con mezcla de cristianos, marxistas y poetas. A Monseñor Romero en Salvador.
No creemos que deban estar en el mismo lugar que Bergoglio, Aguer, y tantos otros, sino más bien del lado del poeta.

LA SAETA

20 jul 2010

¿Los balearon por un 147?!


Ayer, sirviéndome un café de pasada con un televisor encendido sin audiencia, sintonizado en un canal de noticias, escucho una frase pronunciada por un notero:


¿Los balearon por un 147?!

Apurado como estaba, llegué a ver mientras me iba,  la imagen de entrevistador y entrevistado, sobre el fondo de un barrio obrero, y creo, honestamente, creo (no tengo certeza que haya sido así, o haya sido una racionalización mía) la respuesta de la víctima explicando que los delincuentes necesitaban un auto para huir.

Voy caminando, pensando en mis obligaciones laborales, pero algo me insiste. Es esa pregunta. Habrán notado que la frase tiene un signo de pregunta, y, en el final, agregado un signo de admiración. Seguramente es un horror a los efectos del idioma, pero no encuentro otra manera de transmitirlo.                        Siendo demasiado sincero, hasta ahora no sé adonde me llevará lo que estoy escribiendo, lo cual me alegra. Es un buen camino.

¿Qué significará que te baleen por un 147? ¿Algo distinto que por un Mercedes? Parece ser que, dentro de la famosa objetividad periodística, algo subjetivo se filtró. Quizá, en la lógica del entrevistador, un 147 no es un auto digno como para que baleen a alguien.  Tiene algo descalificador en sí, recordemos esta interrogación/admiración a la que nos referimos. Porque, al cabo, o bien deben ser descalificados los ladrones, por balear a alguien por un 147, o a la víctima misma, porque que te baleen por un 147…



Se podrá decir: el periodista quiso significar que te pueden balear por cualquier cosa. Sí, como no. Pero, ¿Cuál era la noticia para el periodista, la historia de una familia que fue baleada para robarle el auto, o que el auto era un 147?
Habitualmente los noteros ponen cara de circunstancia y terminan la nota con una reflexión sobre la imposibilidad de vivir así, rodeados de tanta inseguridad.

Y la víctima, eterna figura de los noticieros, ¿se habrá dado cuenta que ni él ni su familia fueron los protagonistas de la noticia, sino lo que el periodista, desde su escala de valores, considera como “extraño” : que los baleen por ese auto, y no por algo que valga más la pena.

Tonto ejemplo de un hecho cotidiano en una gran ciudad,  es fiel muestra de cómo puede, desde la pregunta, ir condicionando la respuesta, esto es, crear una versión de la realidad desde la misma formulación de la pregunta, no permitir su despliegue.

Finalmente, me pregunto si la víctima, sobreviviente al plomo, feliz dentro de su desgracia, se dio cuenta que volvió a ser baleado, y esta vez no logró sobrevivir al prejuicio, la descalificación, el magnetismo estupidizante de la cámara. Una víctima más de la inseguridad informativa.
Pero salió en la tele, quién le quita lo bailado.

11 jul 2010

Acerca del Plan de Dios

Esferas. Esferas de interés que componen el mosaico de la vida de una comunidad, de un país. Esferas que delimitan un tema que engloba y agrupa a algunos de sus miembros.
La multiplicidad de esferas denota la variedad de las cuestiones; pugna por derechos o defensa de privilegios en algunos casos, mera lucha por la supervivencia diaria en otros, la cuestión es que todos estamos en una o varias de estas esferas, de modo directo o indirecto, conscientes de ello o no.
Sus recombinaciones y posicionamientos constituyen la diaria lucha que crea la historia de un país.

Hoy, ante la posibilidad de que las personas homosexuales tengan los mismos derechos matrimoniales que los heterosexuales en Argentina, la cúpula eclesiástica del país habla de “guerra”, porque esto atentaría contra el Plan de Dios.

¿Cuál será el Plan de Dios? Seguramente, algo tan secreto que solamente los sacerdotes, algunos de ellos, pueden descifrar. Serían ellos, entonces, quienes debieran iluminar con sus repuestas algunas sencillas reflexiones y preguntas que se nos ocurren.

Si habláramos de las injusticias horrorosas del mundo a las que, ignorantes como nosotros supondríamos destructoras del plan divino, tales como un capitalismo voraz y predador que está destruyendo el planeta; la amenaza permanente de guerra nuclear; la venta de armas y drogas que deben ser estimuladas para que el negocio sea más rentable; el aumento de la mortalidad infantil en buena parte del mundo subdesarrollado; las hambrunas que afectan a millones, etc. nos equivocaríamos. Nada de esto es señalado como proveniente del demonio por nuestros jerarcas.

¿Cuál será la relación del Plan de Dios con las esferas mencionadas al principio, las predeterminará? De ser así, ¿predeterminará a todas, o solamente a algunas de ellas? ¿Cómo establecerá escalas de prioridad entre ellas? ¿Todas serán de su interés propio, o delegará algunas a los hombres?

Honestidad obliga, no solamente hay que dar cuenta de las respuestas; nos parece aún más ético dar cuenta del porqué de nuestros interrogantes. Efectivamente, nos preguntamos cómo encaja dentro del plan divino la pedofilia ejercida por sacerdotes, tan difundida como encubierta por su jerarquía. Tampoco sabemos cómo se expresa en relación a aquellos religiosos que prestaban confesión y consuelo a torturadores, violadores y criminales, condenados por la justicia secular, pero sin sanción alguna por tribunales eclesiásticos. Va de suyo que éste párrafo rebosa la tan denostada sexualidad, y no precisamente la preconizada por los obispos; una sexualidad sin consentimiento, abusiva, sádica. Justamente: una sexualidad sin rastros de Amor.
El Plan, versión obispado, no parece prestar mayor atención a la exclusión social y económica, a tanto hermano que aún pasa hambre, que no tiene una mínima cobertura médica, que siquiera tienen una casa, por tanto, siquiera van a la escuela. Los intérpretes del plan hablan, sí, del “espectáculo” de la pobreza, cuando ésta es una tragedia, Pero súbitamente enmudecen cuando se les recuerda que ellos, los obispos, han estado siempre junto a los golpistas, a los dueños del país, siempre del lado de los explotadores, y nunca de los explotados. Nunca han estado por la justicia, pero sí están por el olvido. Porque el olvido también los aparta del escenario sanguinario donde ellos cumplieron su rol. Recordemos a Mujica, Angelelli, los palotinos, la Iglesia de la Santa Cruz,

Para concluir, parecería ser que seguiremos tan ignorantes como siempre acerca del Plan de Dios, en cambio, aprendimos algo más sobre el Plan de Bergoglio: el camino al papado que él persigue pasa por la intolerancia, por lo reaccionario y medieval. Le sería absolutamente imposible conseguir su objetivo si en su propia Diócesis se permitiera este tipo de casamiento.

No parecería, justamente, un adecuado vocero para hablar del amor

18 jun 2010

Si no ahora, ¿Cuándo? (Leer más)


Mundial. Tregua obligada para la política mediatizada, porque la atención anda por otros rumbos. En criollo: no hay la habitual oferta de cámaras.
Pero que las aguas de superficie (las visibles) estén quietas, no implica inmovilidad. Quizá lo novedoso no esté pasando tanto en el ámbito de la políticas partidarias y su show: la multiplicación de “PJ Disidentes” atropellándose por candidatearse, nadie sabe si dentro o fuera del PJ; la pulseada entre ClePto Cobos, ladrón de legitimidad, y Little Richard, que si pretende algún día conducir este país debería dejar de ser “hijo de”; la locura querellante de la alucinada bíblica, y el culebrón de los millonarios despechados;  el político con nombre de árbol, pero con alma de planta trepadora, y otros aún menores. El pretendiente al papado y su claque dialoguista.
No. No se trata de ellos.  La novedad, la corriente que está sacudiendo esta sociedad es la emergencia de otras cuestiones: la discusión por el aborto, la discusión por el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Y también podría decirse,  la situación de los hijos, digámoslo así por ahora, irregularmente adoptados, de la viuda de Noble. Como caso testigo, no en tanto una excepción fortuita y aislada de una situación desgraciada.
¿Tendrán algún punto en común ambas cuestiones?
¿Por qué se da todo en este momento, y no en otro?
Una posible primera respuesta pasa por una palabra escrita pocas líneas arriba: emergencia.  Metafóricamente podría decirse que algo que estaba sumergido, invisibilizado, emerge, de pronto se hace visible en la superficie.
Existía previamente, pero oculto, por debajo.
¿A qué nos referimos? 
El amor, y las parejas del mismo sexo biológico, no son novedosos. Existen desde que hay cultura, es decir, desde que hay división de sexos. El asignarle este reconocimiento legal es, ni más ni menos, respetar sus derechos. Sean éstos del agrado o no de cada quien, los derechos son inalienables.
Análoga situación ocurre con el aborto, al cual absolutamente nadie quiere alentar, sino solamente reglamentar para que,  de llegarse a esa situación,  no se caiga en el negocio clandestino y mortal de las intervenciones ilegales, o aún las caseras, cuando no hay siquiera con qué pagar la ilegalidad.
Muchos de estos casos terminan en muertes. Muertes absolutamente evitables.
Esto es, la necesidad  de adecuar nuestro marco de derecho para regularizar situaciones  cotidianamente de hecho. Es decir, la Justicia aportando un ordenamiento.
Estas dos iniciativas han encontrado una oposición casi inquisitorial en ciertas minorías, mayormente –si bien no únicas- ultracatólicas. Suelen sostener, en relación a estos puntos, una verdadera militancia,  una suerte de cruzada contra una inmoralidad que los aterra, los espanta.
Suelen declararse personas respetuosas de Dios y sus leyes, solidarias, profesantes del amor a su familia y a su patria, y, por supuesto, a sus instituciones (comenzando por la Santa Iglesia).
Caracteriza a este grupo social una posición económica media y alta; un discurso con tintes republicanos pero fuertemente teñido de xenofobia y racismo (aunque “tengan amigos” …) y, por sobre todas las cosas, un desprecio a las clases social, económica y culturalmente más postergadas.
Cultores del esfuerzo individual, toda asistencia del Estado no puede tener otra finalidad que la compra de lealtades.
En todo caso, para hacer caridad estará la Iglesia, asistiendo a “los pobres”.
Las tradiciones tienen fuerza de ley: la primera de ellas, es que somos el granero del mundo.
Lo interesante es constatar que estas mismas personas son las que suelen, expresándolo en términos clásicos, rasgarse las vestiduras, por el “atropello” y la “vejación” que sufre la familia Noble para determinar la identidad de Marcela y Felipe. De pronto, ese súmmum de la moral cristiana entra en flagrante contradicción; ¿Cómo puede, en nombre de la moral y el respeto, obstaculizar por todos los medios posibles, y aún condenar la búsqueda de la verdad?
Habrá que ver qué es lo que habilita a algunas personas a condenar tan enérgicamente una unión homosexual o un aborto terapéutico y, al mismo tiempo, justificar una posible apropiación de hijos de desaparecidos. ¿Será ésta la tan mencionada defensa de la familia? ¿O quizá sea la obediencia debida al mito de la impunidad de los poderosos? Obediencia debida que colocó hijos de desaparecidos donde quienes regularon el mercado de la muerte también regularon el mercado de las apropiaciones.
Parecería ser, en todo caso, la defensa de un mundo que se derrumba.
Poco a poco van cayendo las ficciones de la regulación social del mercado, del derrame de las sobras de los ricos cayendo sobre los pobres, del rol asistencialista de la Iglesia,  de la necesidad de las ganancias extraordinarias para el capital concentrado, a fin de promover las famosas “inversiones externas”, las que obviamente requieren “seguridad jurídica”…
Junto a esto, también va quedando muy en claro qué  sectores de nuestra sociedad intentan sostener ese statu quo, y se va conformando la divisoria de aguas con el otro sector, que busca el cambio cultural, social, político y económico. 
No se trata, pues, solamente de una disputa entre dirigentes.
Se tratará, ni más ni menos, de una batalla que también deberemos librar los ciudadanos comunes: contra nuestros prejuicios, contra tantos años de desculturalización nacional, popular y solidaria.
Y contra tanto hijo de puta que aún anda suelto.