9 ago. 2010

Lenguaje, Política y Construcción de la Realidad (leer más)

El hostigamiento permanente y sistemático al gobierno nacional por parte de ciertos sectores políticos, mediáticos, empresariales y eclesiásticos, debiera de hacer sospechar hasta al lector más desprevenido acerca de la naturaleza de tales críticas. Lo que nos interesa indagar es bajo qué paradigmas se formulan, a qué construcción no explicitada de la realidad contribuyen. Sostenemos que debe explorarse en el marco ideológico que las determinan para determinar su finalidad, y serán ciertos significantes privilegiados escuchados en los últimos años los que constituya nuestra guía; tratar de descubrir sus relaciones y determinaciones, sus dimensiones de ocultamiento y descubrimiento.
Tomaremos, sólo como introducción, y sin pretender repasar su historia, algunos puntos privilegiados de esta relación entre lenguaje, política y construcción de la realidad.
La dictadura instaurada en 1976 tuvo dos slogans que, combinados, la describen inmejorablemente: uno, propaganda de su política económica destructora de la industria, rezaba “achicar el estado es agrandar la nación”; el otro, originado en una campaña contra ruidos molestos, decía lacónicamente: “el silencio es salud”. Tratándose de una dictadura sangrienta que hizo desaparecer 30.000 personas para instaurar un plan económico y un proyecto de país autoritario y concentrado, el mensaje de sus slogans era claro: el precio de hacer oír una voz disidente era el silencio de la desaparición.

“En algo habrá andado”, frase murmurada popularmente, fue la justificación ideológica de “el silencio es salud”. Podríamos traducirlo: por creer en la política como herramienta de transformación, por militancia sindical o estudiantil, se justificaba un destino funesto.
No importaba si la participación política se había dado bajo la forma de lucha armada, trabajo social en la villa o comisión gremial en la fábrica: todo daba lo mismo, en algo andaban.

Esta cuestión, ¿habrá pasado sin dejar rastros en la sociedad, o habrá que buscarlos bajo otros ropajes? Tal vez una pista la de la política de Derechos Humanos sostenida desde 2003: siempre resultó llamativo el encono que en muchas personas de clase media generaba este apoyo tan claro y explícito a los organismos en su lucha por juicio y castigo a los responsables y ejecutores de desapariciones, torturas, violaciones y apropiación de niños. Muchos de estos críticos suelen sostener que se trata de una venganza, que debieran de “olvidar estas cuestiones del pasado y mirar para adelante”, porque son las “madres de los terroristas” las que reclaman, y ellos (NK y CF) los apoyan porque “también fueron montoneros”: es decir, “en algo habrán andado”.

Círculos que se cierran sobre sí mismos, instalan la lógica de dos demonios en pugna, construyendo el relato de una guerra en la cual se relativiza el horror procesista.
Conviene no perder de vista esto, porque suponemos constituye un pecado de origen en la construcción de cierto imaginario: uno de los demonios está vencido, enjuiciado, condenado. El otro es quien lo persigue.

Enemigos poderosos, los medios han escrito la letra de la obra y facilitado el escenario; la cuestión será recitar la parte que corresponda en el momento adecuado: ya sea la claque política, ya sea el “periodismo independiente”, deberá recorrerse un camino que destaque la diferencia entre el consenso y la crispación, entre la declamación de un eficientismo desprovisto de política (donde se equiparan la empresa y el gobierno) y la política como guía, y así una seguidilla de pares antitéticos que inexorablemente conduzcan a la conclusión que estamos siendo gobernados por seres cuyas ansias de venganza solamente sean comparables con su ambición personal, con su desapego al respeto institucional, y con su pretensión de eternización en el poder. Repítase esto mismo, variando los actores, en distintos canales de TV, radios y diarios; háganlo un día, dos, o tres. Organicen programas donde unos actores políticos hablen de lo que han dicho los otros; promuevan que lo que fue la entrevista radial de hoy a la mañana se convierta en la nota del canal de noticias por la tarde (con repetición a la noche) y se publique en el diario de mañana por la mañana. Haga notar en sus programas que esto no es una consigna suya, sino que recoge lo que dice “la gente”; en lo posible, intercale una nota sobre la inseguridad, e instruya al notero para que pregunte si se siente protegido cuando acaban de matarle un familiar o un amigo. Multiplíquelo por los canales y diarios, apunte a escandalizar en la transmisión boca a boca, con titulares tremendos, aunque el cuerpo de la noticia termine teniendo otro tenor. No importa, porque “la gente” sólo lee los titulares.
Procure que los zócalos de los noticieros vayan sesgando los dichos de la claque política de turno con una minuciosa selección de lo más escandaloso y descalificador, pero por favor no pierda de vista que debe hacer un programa de prender y apagar la luz, porque hay que demostrar buena onda, ya que para crispados están los K.
Llegado ese punto, será el momento de descansar de los sinsabores de la política, escuchando las opiniones de los expertos en economía, que dicen que en realidad todo es un engaño, porque el “IndeK” dice los números que ellos consideran publicables, y que, en corto tiempo, la economía va a sincerarse y caeremos en el infierno al que nos conducen. Por supuesto, cuando al poco tiempo no se verifican los vaticinios catastróficos, siempre se podrá recurrir al viento de cola, a la extraordinaria cosecha que se obtuvo por el aporte de nuestros productores rurales, a la sequía de un país que ni siquiera conocíamos, o simplemente, como desde su cinismo dice Lanata: los Kirchner tienen culo…

Detalle importante: nunca se discutirá sobre ideología, ergo, no es de esperarse un debate de ideas sobre el rol del Estado. Y esta es una sutileza no menor: el catecismo de buena parte del conglomerado opositor puede definir el rol del Estado en una sola frase: que no se meta. Porque el Pecado de Origen reaparece: es el rol del Estado en la búsqueda de la Justicia Social, otra manera de nombrar el “en algo habrán andado”. Lo interesante es que lo que no logran aprehender: la pérdida de eficacia que gradualmente tiene la batería de significantes inconexos que utilizan: ¿a quién crispa ahora “la crispación”? Solamente a aquellos que están dispuestos a escucharla.
Tiene los mismos efectos que el discurso de Biolcatti en la Rural: no lo creyó ni quien lo profería, pero “sus bases” se lo reclamaban. No logran hacer cadena en el tejido simbólico de la sociedad, porque caen uno a uno mitos que los sostienen: el “consenso”, licuado por las disputas por candidaturas; la idea de la eficiencia empresaria aplicada al manejo del Estado, alejada de la “suciedad de la política” destrozada por el catrasquismo
de Macri. Pero esto, más allá de lo coyuntural, no es buena noticia. Una buena oposición es un debate con fecundidad, con amplitud de miras, con profundidad ética. Necesitamos una oposición que exija para el bien común, sea quien sea quien gobierne.

Quizá pudiera darse una situación más racional si los cuestionamientos opositores tuvieran una entidad “más seria”, como para promover en quienes acompañamos a este gobierno un grado mayor de exigencia de calidad. En lo personal, tengo varias objeciones, pero con la particularidad que no suelen ser coincidentes con las que soy bombardeado diariamente. No puedo creer las argumentaciones de quienes contaminan bombachas para dilatar el momento de afrontar la verdad (y la pena) de haber colaborado en la apropiación de menores; de quienes mediante la extorsión se quedaron en posición privilegiada para apoderarse del papel de diario y condicionar su competencia; y fundamentalmente, cómo creer en los políticos que tristemente parecen marionetas de los dueños del país; está demasiado cercano aún el eco del “que se vayan todos” al que ellos mismos empujaron. Porque la apuesta del Neoliberalismo, de los dueños del país, es la antipolítica, es decir, la política subordinada al diktat de sus propios intereses, pero aparentando ser los nuestros.

10 comentarios:

Ricardo dijo...

Interesante encadenamiento del discurso, amigo Sujeto.

Es inmesurable la profundidad en que caló esa frase, impuesta a persecusión, sangre, tortura y muerte.
El descrédito en la política es un mal contra el que deberemos pelear constantemente, porque no hay posibilidades de tener una democracia plena si la sociedad no tiene un grado aunque sea mínimo de politización. Algo así como el Consentimieno Informado en medicina.

Un abrazo.

Sujeto de la Historia dijo...

Hola Ricardo

Esta frase es quizá la mayor miseria argentina. La creo más vigente de lo que se muestra, pero es escurridiza, se las rebusca para camouflarse siempre detrás de miserias menores, más aggiornadas.
Pero sigue estando.
Y la voy a seguir persiguiendo.
Un Abrazo

manuel el coronel dijo...

y es concecuencia de lo que hoy vivimos compañeros, es como vivir en ese pasado causante de la frase. Pues aradogicamnete en los 90 andar en política era algo piola, canchero, y hoy, en plena etapa transformadora, la política se revela como una porquería nuevamente. Justo ahora.

Excelente post como siempre compañero

Sujeto de la Historia dijo...

Hola Manuel

Fijate que es justamente en los momentos históricos de transformación donde la política "se ensucia", porque va a contramano de la corrección necesaria para los negocios.
Y eso que acá no se habló de reforma agraria, ni nacionalización de la banca y el comercio exterior, ¿no?
Imaginate lo que sería el "en algo habrán andado"...
Un Abrazo

Javier dijo...

Donde entraria en el imaginario cultural esa propension tan extendida socialmente de pensar que toda persona que gestione fondos esta afanando. No es eso parte de achicar el estyado porque el funcionario es corrupto , privatizemos y eliminemos al estado asi los empresarios roban sin ningun control .

Un abrazo

Sujeto de la Historia dijo...

Javier:
No es casual que Catrasca Macri sea Jefe de Gobierno de CABA: es ese discurso, el fósil de los 90 que aún se resiste a terminar de morir. Escuché estupideces tan grandes como "tiene tanta plata que no necesita robar" o "mirá el éxito que tuvo en Boca". Pero lo triste no es Macri, sino que lo hayan votado pensando así.
Te mando un abrazo

Pablo D dijo...

El discurso de cierta clase media a la que apuntás por allí, se ordena en función de un único principio ordenador: su bolsillo. Y entonces, el hecho de ponerse en contra de la causa de los juicios por la verdad, la memoria y la justicia, en tanto (aunque está claro que no fue pensado en orden a ello) cimiento del poder de Kirchner, no responde más que al solo objetivo de ponerse en contra de un elemento que es facilmente identificable con ese "poder" al que detestan. Aunque no se entiende porque es que lo detestan, al fín y al cabo tan mal no les ha ido en siete años. Aliverti dijo que se debe a la afectación de algunos símbolos intocables (campo, ejército, iglesia).

Sujeto de la Historia dijo...

Hola Pablo
Gracias por la lectura y el comentario. Quizá yo lo esté viendo más desde mi formación psicoanalítica, aunque con la idea de no traspolar en la medida de lo posible. Confieso que esa maldita frase (en realidad, sus versiones, todas parecidas: por algo será, algo habrán hecho, en algo habrán andado) tiene en común ese "algo": indefinido, ex-culpatorio, como señalando una posición de tercero observador, desinvolucrado. Repito, desde mi visión que no es sociológica ni politológica, este "algo" se relaciona con la ideología (siempre, culturalmente, que se habló de ideología era en el sentido de las libertarias) y con la muerte: este tipo de ideología, estas políticas, llevan a la muerte...
Espero sepas disculpar, son delirios de psicoanalista.
Un Abrazo

Daniel Mancuso dijo...

excelente análisis, tomé parte de ésta tu nota para interpolar con una mía: EL SUEÑO DE MI VIDA ES NO SER MENTIROSO, gracias por el préstamo y las ideas, abrazo.

Sujeto de la Historia dijo...

Hola Daniel
Gracias por el comentario. Un gusto para mí que tomes algún fragmento, las palabras están justamente para circular.
Nos estamos leyendo, abrazo

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