29 ago. 2010

Prender y Apagar la Luz



Desde hace un tiempo me ronda la idea de escribir algo sobre un programa del canal TN, “Prende y apaga la luz”.

Seguramente el blogueraje extrañao mirará sin comprender; y algo de razón tendrá, habiendo tantos otros programas, dedicarse a éste. Pero no puedo dejar de considerar algunas cuestiones:

La primera de ellas, es que, dentro de la programación del canal mencionado, éste es el programa amigable, amable. Algo así como la contracara de la crispación. Es decir, se ofrece como un oasis en medio del desierto de inseguridad, matrimonios presidenciales corruptos e hiper ambiciosos, polémicos subsecretarios que maltratan a virginales empresarios y abogados de virginales empresarios, según denuncian indignados los legisladores guardianes de la república perdida y de la plata de los jubilados. Empresarios azorados ven cómo sus negocios, si no van a la ruina, marchan hacia la expropiación. Vienen por todo.

Nada más “friendly” que prender y apagar la luz, demostrarle al canal de la gente que lo querés, que estás con ellos. Porque no es sólo Todo Noticias, no, también es Todos Nosotros, ese que puede desaparecer, por la ley ésa de control de medios K, ¿viste? Y, ¿Cómo no vas a apoyarlo, si somos nosotros mismos? ¿No ves que nos vemos ahí, no me viste saludando?

Prender y apagar la luz, seguir la consigna de la cara “amable”, “humana” del multimedios, esa que hace gestos ante cada noticia. ¿Cómo podría mentirte ese buen pibe, el que te invita a prender y apagar la luz? ¿No ves cómo sufre cuando da las malas noticias, las únicas que pueden existir en esta tierra olvidada por Dios?
Se le nota lo mal que le hace, con las caras que pone, pero se lo banca el pibe. Después de todo eso que tuvo que pasar, nos hace prender y apagar la luz…

Quizá prender y apagar la luz permita ocultar, en parte, el terror de lo que se trata.
Porque justamente la intermitencia de la luz no permite ver claramente. ¿O esa mancha roja en el papel es sangre?

Y ya se sabe, no hay peor ciego que el que prende y apaga la luz para no pensar.

Prender y apagar la luz, acaso, termine siendo metáfora de la alternancia mentira/verdad: sostenerse como periodismo independiente. Sí, del estado, no del verdadero poder, del que forma parte, con el que moldea. Jactarse de invitar a algún programa político a alguna figura que no sea de su agrado, para compartir un “debate” con 4 o 5 de sus incondicionales, que salen a cazar en manada. Eso es democrático. Es libertad de expresión. Y temporada de caza.

Prender y apagar la luz, es posible remita a los gobiernos que han hecho subir y bajar, a quienes impulsaron y a quienes hundieron. A quienes “activan” cuando necesitan y “desactivan” cuando no conviene. (¿Qué fue de la vida de Blumberg, y de la de Antonini Wilson, cómo anda Sadous, dónde está Isidoro Graiver?)

Prender y apagar la luz, musicalizado por un ex senador de la Nación, ex gobernador de una provincia, ex actor de películas en las que disfrutaba lucir uniforme y botas militares. Ex candidato e vicepresidente.
Él tiene ese trabajo en el medio. Otros, son corresponsales en el Congreso. Especializados en darse notas a sí mismos, también su cadencia está marcada por el prende y apaga la luz al que juega el CEO, que es el amo de las perillas.
Porque el amo prenderá la luz, haciendo visible, a los corresponsales eficientes.
Y apagará la luz, invisibilizará, a aquellos tibios, irresolutos, que no estén a la altura.
En fin, volvió a perder el Rojo y estoy cansado.
Que el último apague la luz.

Mar del Plata, mi Nikon y yo: Libertad de expresión versus libertad de prensa

Mar del Plata, mi Nikon y yo: Libertad de expresión versus libertad de prensa Las mentiras están mejor repartidas de lo que se cree... Me gusta mucho tu blog Saludos

25 ago. 2010

Reencuentros

(Escrito el 24/08/10, día de la denuncia sobre Papel Prensa)

Hoy, leyendo un post en  “La Cosa y la Causa”, uno de esos blogs de lectura imprescindible, vinieron a mí recuerdos de algunos de los momentos más felices de mi ya muy lejana infancia.

Corrían los años 60 en la tranquila vida de Villa Dominico, un barrio de Avellaneda donde la enorme mayoría éramos hinchas del Rojo… y aún lo seguimos siendo.

Mi abuelo, un personaje si los había en el barrio, era a quien siempre le pedía plata para ir al kiosco y comprar esas tres revistas  que alimentaban mi alma: El Tony, D’artagnan y Fantasía.

Casi podría decirse que con ellas aprendí a leer.  Y con certeza afirmo, ellas me hicieron amar la historia, me introdujeron a un mundo donde había bien y mal, héroes y villanos, justos e injustos.

Y había personajes de toda índole: desde soldados criollos como el Cabo Sabino y Martín Toro, monjes budistas blancos como Harry White, inmortales como Gilgamesh,  guerreros sumerios como Nippur de Lagash o tebanos como Argón el Justiciero.

La historieta no es un tema menor: es la historia contada de otra manera, es la palabra y el trazo del dibujante, es la múltiple  sugerencia de significación fecundada por la palabra y la imagen.

La historieta acaso tenga en común con la historia  esa artificial división del “cuadro a cuadro”; artificial porque funciona para quien lo crea, pero natural para quien lo recibe. ¿Quién repara que en una historieta hay cuadros?

Tenía un fuerte con innumerables soldaditos plásticos, y con ellos llevaba a cabo las aventuras que leía en las revistas, reproducía esa lucha de terceros excluidos entre lo que representaba el bien y lo propio del mal. 

Junto a los valores que uno fue aprendiendo en la casa y  en la escuela, también se iba nutriendo de lo que leía en esas maravillosas y coloridas historietas. Entre todas esas cosas, descubría el valor de  esos relatos en los que el héroe tenía que jugarse el todo por el todo,  donde la propia vida, ofrecida con generosidad, se decidía en un acto, y por una causa justa.

La fecha de vencimiento de la infancia llegó ese día que, -rito de pasaje, si los hay- entregué ese fuerte, y sus soldados al hermanito menor de un amigo. Toda una rendición ante la adolescencia, todo un sacrificio, donde junto a sus soldaditos se rindió el carácter épico, “la causa”.

A esta altura, quien discuta a Freud en cuanto a la impronta de lo infantil sobre lo adulto, es sencillamente un negador. O un ignorante de sí mismo.

Y uno hizo su secundaria, conoció a su amor, a su compañera para toda la vida, la universidad, los hijos, el posgrado. Comprendió en sentido pleno que su trabajo era un sostén muy importante para su familia, una base que permita desplegar alas.

¿Qué se habrá hecho de ese impulso a lo épico, a lo heroico,  que se tuvo a temprana edad?

¿Se perdió irremediablemente, o  sólo está oculto  entre los pliegues de la vida?

¿Será que lo simbólico ya se ha rendido incondicionalmente ante lo real, o que está allí, latente, en espera de reactivación?

Hoy fue un día que tuvo algo distinto. Lo distinto tuvo forma de reencuentro.

Mi adolescencia, ese lapso arbitrariamente designado  entre la niñez y la adultez, transcurrió con ruido de botas; mis heroicos soldaditos se habían convertido en secuestradores, torturadores, violadores, ladrones, apropiadores, asesinos.  El fuerte se convirtió en  campo de concentración clandestino.

A esos soldaditos ya los manejaban otras manos;  manos de titiriteros expertos que actuaban en las sombras. Los soldaditos perdieron toda dimensión heroica, todo carácter de justicia. Ya no defendían a los débiles, ya no protegían a su pueblo. Simplemente obedecían órdenes, debían promover una rendición tan incondicional como la de mi infancia.

Hoy fue un día que tuvo algo distinto. Lo distinto tuvo forma de reencuentro.

Hoy se denuncia ante la justicia que un imperio económico se edificó sobre sangre. Esa sangre, y la de muchos –demasiados- otros, consolidaron fortunas obscenas y pobrezas extremas.

Hoy se denuncia ante la justicia para que quienes fueron los titiriteros corran la misma suerte que  sus propios títeres. Amos de los que fueron amos, ensangrentados todos,  merecen compartir su destino, y nosotros merecemos que ellos lo compartan.

Hoy se ha jugado una carta muy brava contra un poder inmenso. De esas donde se juega todo a un acto, como en mis historietas infantiles. La causa judicial se llamará, seguramente, “Papel Prensa”, también podría llamarse “ilusiones recuperadas”.


Tengo que agradecer, por lo tanto, estar viviendo este momento histórico, momento donde volvemos a reencontrarnos con ciertas épicas que, latentes, quizá habíamos dado por perdidas.
Tengo que agradecer, entonces, haber recuperado, en algún punto, ese hermoso tesoro caído en el olvido.  Queda como consuelo, en todo caso, que si bien la infancia irremediablemente se ha perdido, ciertas ilusiones se recuperan.

Al cabo, este reencuentro con los valores de la propia infancia, quizá no sea más que comenzar a bosquejar el dibujo de la historia que estamos legando a nuestros hijos.  

Un recuerdo de los 80: Informe sobre la Situación, Víctor Heredia


16 ago. 2010

Ah, blogueros K

Días atrás, un periodista de apellido Roberts publicó en La Nación una nota sobre los blogueros K; nota ésta que, per se, no tiene valor, dado que no agrega nada novedoso a la opinión ya conocida de ese diario (y también de  Clarín). No amerita, entonces, que nos detengamos en ella, cosa que ya han hecho y con muy buen nivel en otros blogs. Pero sí quizá provea la excusa para reflexionar sobre lo que es nuestra actividad bloguera, sus por qué y sus para qué. 
Convengamos, en primer término, que lo que digamos en este escrito refleja únicamente la mirada de nuestro blog, no pretendiendo asumir representación alguna del resto de los blogs del campo nacional y popular. 
Decíamos que pretendemos reflexionar sobre el por qué y el para qué escribimos; este blog, como espacio con continuidad, fue hijo del resultado de las elecciones del 28 de Junio de 2009.  La mayoría de nuestros blogs nació entre 2008 y 2009, cuando el proyecto político encarnado por el kirchnerismo y aliados parecía hundirse ante el avance de la derecha. 
La visión que instalan los grandes medios es que seríamos algo así como una corporación de tipos a los que el gobierno les paga por hablar bien de él y denostar a opositores, pero como si fuera un algo organizado, un demoníaco monstruo de mil cabezas, presto a devorar a quien piense distinto. 
Claro, no es de su conveniencia mostrar que fuimos naciendo, cada blog,  en la medida en que se nos imponía por sobresaturación, una representación única de la realidad, emanada desde los grandes intereses corporativos; donde patronales que instigaron todos los golpes de estado se declamaban defensores de la institucionalidad democrática y de los derechos de los ciudadanos, donde una claque de políticos serviles, que nos empujaron durante décadas a la miseria (económica y moral) se arrogaban ser campeones de un republicanismo hueco. ¿Habrá que recordar, a esta altura, que la realidad fabricada de los grandes medios allá por el 2008 era unívoca, sin aristas ni matices, por lo tanto, autoritaria?  No, nunca explicarán que luchar contra esto está en nuestro origen.
Así como tampoco jamás reconocerán nuestra independencia, que es absolutamente ética: nuestro blog se asume conscientemente dentro de una postura ideológica, dentro de una visión del mundo democrática, igualitaria, inclusiva, plural. 
No ocultamos lo que nos anima; no hablamos desde ninguna objetividad: somos absolutamente subjetivos porque nos sentimos parte de la historia que se está transformando. Las empresas periodísticas  presentan la máscara  de su supuesta “objetividad”, que es la manera de encubrir los intereses que las guían. 
Nadie determina una sola letra de nuestros escritos. No tenemos obligación alguna de escribir para nadie. Simplemente escribimos porque va en la línea de nuestro deseo. 
Cada blog es un mundo. Somos una pluralidad de voces que, bajo el manto de lo que suele llamarse “lo nacional y popular”  aportamos cada uno sus ideas, su mirada propia, su color, sus temas. Hay blogs que son eminentemente periodísticos, con información y análisis diarios, otros, más reflexivos, más temáticos, de aparición más esporádica.  
Un detalle que no suele mencionarse: no todos nuestros blogs son necesariamente “K”: algunos de ellos (y muy buenos) son, por ejemplo, de amigos que participan del ideario de  Proyecto Sur; otros, peronistas, progresistas: nada nos impide leernos y comentarnos con el mayor de los respetos, plantear nuestras diferencias y nuestras coincidencias. Este es otro punto que le sale mal: no somos sectarios, no bebemos de la fuente del pensamiento único. 
El comentario, la lectura que hacemos del mensaje del otro, ésa es nuestra riqueza. No nos encapsulamos en nuestro pensamiento simplemente “bajando línea” como nos suelen etiquetar; al contrario, nos enriquecemos mutuamente en nuestra diversidad, en nuestra multiplicidad de miradas, en cada lectura.  
No hay, como en grandes diarios, una columna escrita por “alguien que sabe” y un espacio dedicado a los lectores. En nuestros blogs, la lectura del otro forma parte del texto mismo. Esta horizontalidad  es la que enriquece: es absolutamente frecuente que a partir del comentario de un texto se generen nuevos textos, se enriquezcan las temáticas, se abrochen cuestiones que en apariencia pertenecían a otro orden. Es de esta manera que nuestros textos toman vida, porque tenemos la alegría y la frescura de escribir sobre lo que queremos. ¿Podrá decirse lo mismo desde un diario? 
Otra manera de descalificarnos es la de presentar las producciones de los blogs como construcciones rudimentarias, rústicas, carentes de estilo, proselitismo barato hecho por  mediocres. Otro mito que se derrumba: hemos leído cosas maravillosas en los blogs, elevadas, disparadoras de pensamiento. ¿O acaso las racionalizaciones apolilladas y etimológicas de Grondona ó el odio intelectualizado de Morales Solá son el techo de la cultura?   ¿Aguinis quizá nos debiera guiar hacia el bien escribir? (y bien pensar, claro) 
En contraposición a la rutinaria tarea de intentar demoler al gobierno e intentar instalar alguna figura opositora como bandera, nuestra temática es absolutamente infinita: hablamos tanto de bombachas contaminadas como de cenas obs-cenas; de papel de diario barato y de programas cuya gracia es prender y apagar la luz. 
Nuestra independencia también se hace evidente porque tenemos capacidad de instalar nuestros temas en la blogósfera,  sin necesitar como condición sine qua non que el estímulo provenga de un diario. No tenemos detrás de nosotros un patrón que imponga el tema y la línea editorial. Esto también hace a la libertad de pensamiento, y a la posibilidad de crear. 
Se nos critica desde los diarios justamente por hacer objeto de análisis y crítica a ellos, y a sus periodistas estrella, marketineros de la noticia. Lamentamos mucho la pérdida del beneficio exclusivo que habían tenido hasta ahora de convertirse en jueces de la sociedad, pero, bueno, comprendan que suscribimos ideas antimonopólicas… 

Cuando se nos intenta presentar como una roca, un obstáculo rígido y duro puesto allí, demostramos ser agua, escurrirnos entre sus dedos, porque no obedecemos a nadie, a nadie más que al deseo de expresar nuestras ideas. Quizá por esto de vez en cuando, y con mayor frecuencia nos mencionan: no les somos indiferentes, y quizá, alguno, secretamente, sienta cierta envidia, o cierta nostalgia,  por quienes no han vendido su alma al diablo.


9 ago. 2010

Lenguaje, Política y Construcción de la Realidad (leer más)

El hostigamiento permanente y sistemático al gobierno nacional por parte de ciertos sectores políticos, mediáticos, empresariales y eclesiásticos, debiera de hacer sospechar hasta al lector más desprevenido acerca de la naturaleza de tales críticas. Lo que nos interesa indagar es bajo qué paradigmas se formulan, a qué construcción no explicitada de la realidad contribuyen. Sostenemos que debe explorarse en el marco ideológico que las determinan para determinar su finalidad, y serán ciertos significantes privilegiados escuchados en los últimos años los que constituya nuestra guía; tratar de descubrir sus relaciones y determinaciones, sus dimensiones de ocultamiento y descubrimiento.
Tomaremos, sólo como introducción, y sin pretender repasar su historia, algunos puntos privilegiados de esta relación entre lenguaje, política y construcción de la realidad.
La dictadura instaurada en 1976 tuvo dos slogans que, combinados, la describen inmejorablemente: uno, propaganda de su política económica destructora de la industria, rezaba “achicar el estado es agrandar la nación”; el otro, originado en una campaña contra ruidos molestos, decía lacónicamente: “el silencio es salud”. Tratándose de una dictadura sangrienta que hizo desaparecer 30.000 personas para instaurar un plan económico y un proyecto de país autoritario y concentrado, el mensaje de sus slogans era claro: el precio de hacer oír una voz disidente era el silencio de la desaparición.

“En algo habrá andado”, frase murmurada popularmente, fue la justificación ideológica de “el silencio es salud”. Podríamos traducirlo: por creer en la política como herramienta de transformación, por militancia sindical o estudiantil, se justificaba un destino funesto.
No importaba si la participación política se había dado bajo la forma de lucha armada, trabajo social en la villa o comisión gremial en la fábrica: todo daba lo mismo, en algo andaban.

Esta cuestión, ¿habrá pasado sin dejar rastros en la sociedad, o habrá que buscarlos bajo otros ropajes? Tal vez una pista la de la política de Derechos Humanos sostenida desde 2003: siempre resultó llamativo el encono que en muchas personas de clase media generaba este apoyo tan claro y explícito a los organismos en su lucha por juicio y castigo a los responsables y ejecutores de desapariciones, torturas, violaciones y apropiación de niños. Muchos de estos críticos suelen sostener que se trata de una venganza, que debieran de “olvidar estas cuestiones del pasado y mirar para adelante”, porque son las “madres de los terroristas” las que reclaman, y ellos (NK y CF) los apoyan porque “también fueron montoneros”: es decir, “en algo habrán andado”.

Círculos que se cierran sobre sí mismos, instalan la lógica de dos demonios en pugna, construyendo el relato de una guerra en la cual se relativiza el horror procesista.
Conviene no perder de vista esto, porque suponemos constituye un pecado de origen en la construcción de cierto imaginario: uno de los demonios está vencido, enjuiciado, condenado. El otro es quien lo persigue.

Enemigos poderosos, los medios han escrito la letra de la obra y facilitado el escenario; la cuestión será recitar la parte que corresponda en el momento adecuado: ya sea la claque política, ya sea el “periodismo independiente”, deberá recorrerse un camino que destaque la diferencia entre el consenso y la crispación, entre la declamación de un eficientismo desprovisto de política (donde se equiparan la empresa y el gobierno) y la política como guía, y así una seguidilla de pares antitéticos que inexorablemente conduzcan a la conclusión que estamos siendo gobernados por seres cuyas ansias de venganza solamente sean comparables con su ambición personal, con su desapego al respeto institucional, y con su pretensión de eternización en el poder. Repítase esto mismo, variando los actores, en distintos canales de TV, radios y diarios; háganlo un día, dos, o tres. Organicen programas donde unos actores políticos hablen de lo que han dicho los otros; promuevan que lo que fue la entrevista radial de hoy a la mañana se convierta en la nota del canal de noticias por la tarde (con repetición a la noche) y se publique en el diario de mañana por la mañana. Haga notar en sus programas que esto no es una consigna suya, sino que recoge lo que dice “la gente”; en lo posible, intercale una nota sobre la inseguridad, e instruya al notero para que pregunte si se siente protegido cuando acaban de matarle un familiar o un amigo. Multiplíquelo por los canales y diarios, apunte a escandalizar en la transmisión boca a boca, con titulares tremendos, aunque el cuerpo de la noticia termine teniendo otro tenor. No importa, porque “la gente” sólo lee los titulares.
Procure que los zócalos de los noticieros vayan sesgando los dichos de la claque política de turno con una minuciosa selección de lo más escandaloso y descalificador, pero por favor no pierda de vista que debe hacer un programa de prender y apagar la luz, porque hay que demostrar buena onda, ya que para crispados están los K.
Llegado ese punto, será el momento de descansar de los sinsabores de la política, escuchando las opiniones de los expertos en economía, que dicen que en realidad todo es un engaño, porque el “IndeK” dice los números que ellos consideran publicables, y que, en corto tiempo, la economía va a sincerarse y caeremos en el infierno al que nos conducen. Por supuesto, cuando al poco tiempo no se verifican los vaticinios catastróficos, siempre se podrá recurrir al viento de cola, a la extraordinaria cosecha que se obtuvo por el aporte de nuestros productores rurales, a la sequía de un país que ni siquiera conocíamos, o simplemente, como desde su cinismo dice Lanata: los Kirchner tienen culo…

Detalle importante: nunca se discutirá sobre ideología, ergo, no es de esperarse un debate de ideas sobre el rol del Estado. Y esta es una sutileza no menor: el catecismo de buena parte del conglomerado opositor puede definir el rol del Estado en una sola frase: que no se meta. Porque el Pecado de Origen reaparece: es el rol del Estado en la búsqueda de la Justicia Social, otra manera de nombrar el “en algo habrán andado”. Lo interesante es que lo que no logran aprehender: la pérdida de eficacia que gradualmente tiene la batería de significantes inconexos que utilizan: ¿a quién crispa ahora “la crispación”? Solamente a aquellos que están dispuestos a escucharla.
Tiene los mismos efectos que el discurso de Biolcatti en la Rural: no lo creyó ni quien lo profería, pero “sus bases” se lo reclamaban. No logran hacer cadena en el tejido simbólico de la sociedad, porque caen uno a uno mitos que los sostienen: el “consenso”, licuado por las disputas por candidaturas; la idea de la eficiencia empresaria aplicada al manejo del Estado, alejada de la “suciedad de la política” destrozada por el catrasquismo
de Macri. Pero esto, más allá de lo coyuntural, no es buena noticia. Una buena oposición es un debate con fecundidad, con amplitud de miras, con profundidad ética. Necesitamos una oposición que exija para el bien común, sea quien sea quien gobierne.

Quizá pudiera darse una situación más racional si los cuestionamientos opositores tuvieran una entidad “más seria”, como para promover en quienes acompañamos a este gobierno un grado mayor de exigencia de calidad. En lo personal, tengo varias objeciones, pero con la particularidad que no suelen ser coincidentes con las que soy bombardeado diariamente. No puedo creer las argumentaciones de quienes contaminan bombachas para dilatar el momento de afrontar la verdad (y la pena) de haber colaborado en la apropiación de menores; de quienes mediante la extorsión se quedaron en posición privilegiada para apoderarse del papel de diario y condicionar su competencia; y fundamentalmente, cómo creer en los políticos que tristemente parecen marionetas de los dueños del país; está demasiado cercano aún el eco del “que se vayan todos” al que ellos mismos empujaron. Porque la apuesta del Neoliberalismo, de los dueños del país, es la antipolítica, es decir, la política subordinada al diktat de sus propios intereses, pero aparentando ser los nuestros.