4 jun. 2010

Cuadros (leer más)


Cuadros. Palabra sencilla, corta, habitual.

Como sencilla, corta y habitual suele ser su función, al menos en la cotidianeidad de clase media: por lo general, los cuadros visten paredes desnudas, le otorgan un toque de vida a algo tan inexpresivo como una pared.

Le agregan, a la monotonía del color, un plus.

Claro, como todas las cosas, lleva en sí un problema a cuestas: no termina de ser una sola cosa, comparte su destino siendo varias.

Un cuadro es, ante todo,  imagen.

La imagen, se me ocurre,  fue parida para ahorrar palabras. Algún dios, cansado de tanta retórica, allá, en el  principio de los tiempos, encendió la chispa del arte para disfrutar de un poco de silencio.

Y puede que este haya sido el origen mítico del arte,

O simplemente, un invento que ayuda a poblar de signos esta hoja en blanco.

Porque, a lo mejor, escribir debe ser como pintar un cuadro:

Allá donde hay un blanco, alojar algo que le diga algo a alguien,

Aunque sea a sí mismo solamente, por algo se empieza.

Y si los cuadros algo han de decir, Quizá algunos, por  indignos, sean quitados de las paredes.

Porque sabiamente hubo quien se diera cuenta que en ese caso la pared dignifica al cuadro, y le otorga el color que la culpa del asesino se niega a darle.

Y si los cuadros algo han de decir, quizá algunos, por muy dignos, son recibidos jubilosamente por las paredes.

Porque sabiamente hubo quien se diera cuenta que esos muros debían revestirse de la rebeldía, la pasión, el sentir profundo de una tierra que ayer y hoy clama por la libertad de sus hijos.

Cuadros que nombran paredes: Galería de los Patriotas.

Y si los cuadros, y las fotos algo han de decir, quizá  muestren huecos en sus líneas, vacíos,  donde falta lo que debería haber estado.

Durante años, los asesinos habrán acallado voces, pero nunca lograron doblegar la obstinación de esa ausencia.

Será pues, el destino que las viejas paredes vayan poblándose de nuevos cuadros: cuadros de nietos;  de nietos con sus hijos, que son la perpetuación  de sus propios padres; los recuperan a su vez pintando.

Porque la deuda de tener la vida se paga dando vida, de una u otra forma.

Porque la deuda de recibir un nombre, se paga dándoselo a la generación siguiente.

Los trazos ya comienzan a surcar el blanco…

7 comentarios:

manuel el coronel dijo...

poesía compañero. Gracias. Y pensamiento.

Sujeto de la Historia dijo...

Gracias Compañero, muy atento.
Le mando un abrazo grande, como siempre...

Gaviotas Blindadas dijo...

Los cuadros son testigos omnicientes divinos.
Excelente texto.
Comenzaré a seguirte, vamos a ver adonde me llevas.
Gaviotas Blindadas

Javier dijo...

Y los jeroglificos egipcios o los caracteres del mandarion clasico serian o no cuadros que luego derivaron en lenguajes?

Un abrazo

Sujeto de la Historia dijo...

Gaviotas Blindadas: gracias por tu comentario y el acompañamiento.
(espero no defrudar...)Saludos

Javier: ¿por qué no ? Pensemos que, en el origen, arte y comunicación estarían bastante unidos (recordemos las pinturas rupestres)

Un abrazo

Eva Luna dijo...

Será que el viejo padre jubilosamente, o la vieja pared, da lo mismo, tendrán que dar lugar a nuevos cuadros de hijos, de nietos, para que puedan perpetuarse en la celebración de ser nombrados???

Sujeto de la Historia dijo...

Sutil y profundo comentario, Eva Luna.
Realmente lo celebro.
Y respecto al comentario, sí. se trata del eterno arte de la humanización.

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