30 nov. 2009

Estos raros, raros tiempos (leer más)

La peor maldición que puede hacer un chino es desearle al otro que tenga una vida interesante. ¿Acaso será éste nuestro problema?;  veamos:
Ignorantes que pontifican sobre temas como la inseguridad con la chapa de protagonizar almuerzos fascistas, contrabandear Mercedes para discapacitados, o la apología de la prostitución por TV… hasta los ateos ruegan a Dios que los famosos dejen de opinar de política.
Bueno, dejando atrás las opiniones de la farándula (seamos justos: su parte más rancia),
anhelamos encontrar  apreciaciones más serias y meditadas en los medios, pero, caramba, qué difícil es hallar algún punto de equilibrio, el cual, explico, debiera entenderse así: que este gobierno (o cualquier otro que tome algunas medidas medianamente populares) haga algo bien, que sé yo, una cosa de cada diez, No .No. No, No las hay. Aunque las haya, se entiende, no las hay.
Entonces, desesperanzado con los famosos y algunos periodistas, pero con la convicción que los demonios rigen nuestro destino, dirigimos nuestra fe hacia la oposición, y en particular, aquella que se considera presidenciable: allí tenemos al Sr. Vicepresidente de la Nación  (Néstor, Cristina, más que la tortuga se les escapó el caracol),  la enviada  por la providencia, doña Biblita, y, además, el único político realmente dispuesto a escucharte: Mauricio.
Pero acá tampoco las cosas están muy claras: no me voy a meter en la obviedad de que Cleto traiciona al gobierno por el cual llegó a su cargo, sino que, siendo “indultado” por el patético radicalismo que lo había expulsado de por vida, está negociando una alianza con el Colorado que tiene un plan. Realmente, los radicales merecen que los traicione nuevamente, son cada día más insufribles.
Compremos entonces un lote en el country  del Apocalipsis; afortunadamente la vendedora de la  inmobiliaria envió cartas a varias embajadas denunciando las guerrillas  que se están armando, preparando emboscadas contra los sensibles miembros de la Mesa de Enlace, que preparan una inocente bienvenida a los nuevos legisladores el 10 de Diciembre, pero, afortunadamente para la buena gente, nuestra heroica diputada garantiza la vigencia de las instituciones.
Pero si tampoco esto es suficiente, nos queda entonces nuestro  querido Mauricio, quien oscila constantemente entre la perversidad y la pelotudez: crea la policía “propia” (de la ciudad, mal pensados) y va en cana su cúpula antes de que salgan a la calle; culpa al gobierno de que le plantaron espías, y lo espían a su cuñado parapsicólogo, a quien encima le envía un mail con el texto que lo despegaría a él del asunto.  Pero no termina ahí: viendo el resultado de encuestas, decide no vetar una decisión judicial que habilita a una pareja gay a casarse, pero, por supuesto, se gana la ira pública del Monseñor, quien habiendo estado a poco de ser Papa sufriría en su propia diócesis el primer casamiento gay de Latinoamérica. No recuerdo que el santo hombre, mentor de Michetti,  haya hecho una condena tan severa en alguna de las tantas ocasiones en que sus subordinados ejercían sacra pedofilia  o confortaran a torturadores,  con lo que seguramente el buenazo de Mauricio terminará encontrando la forma de volver a comprar indulgencias.
A esta altura, quien nos deseara una vida interesante, nos estaría haciendo un favor.

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