9 may. 2012

MINIMAL

Mi escasa presencia en la blogòsfera de un tiempo a esta parte atestigua por sì misma que me cuesta encontrar temas sobre los cuales escribir. Claramente, no puedo endilgàrselo al espìritu de este tiempo, generoso como es en acontecimientos de relevancia. Serà, quizà, que el impulso a escribir, en mi caso, requiere de ciertos disparadores, que no siempre se dan. Hace muy pocos dìas, en un brevìsimo recuadrito en  la tapa de Pàgina/12, se contaba una anècdota "minimal" si se quiere. Se titula "Trofeo", y de tan breve que es, se la transcribo: Apenas desembarcado en el impresionante edificio de YPF, el ministro Julio De Vido recibiò una sorpresiva visita. Una de las principales encargadas de protocolo de la empresa se le acercò con papeles en la mano. "Yo trabajo en YPF desde hace 35 años -le explicò- y cuando se la vendieron a Repsol comprè el diario y lo guardè esperando este momento". El diario en cuestiòn era Pàgina/12. El tìtulo de la tapa era "adiòs YPF" y la imagen que ocupaba casi toda la portada era la de una mujer con la bandera pintada en el rostro con una enorme làgrima de petròleo cayendo por su mejilla. Con los ojos hùmedos le regalò su trofeo al ministro.
Como decìamos, una historia mìnima, de una persona comùn, algo que nunca va a figurar en una estadìstica, y que seguramente caerà en el olvido màs temprano que tarde. Sin embargo,  este mìnimo hecho me dispara la necesidad de escribirlo, porque el acto dice, y mucho. Este guardar un diario por 20 años esperando el momento del retorno, ¿No es acaso toda una definiciòn de esperanza?. Esperanza que hasta bien podrìa pensarse como una forma de la resistencia en el sentido del aguante, del bancarse ese hecho que evidentemente marcò a esta mujer mucho màs que un simple cambio de mando en su trabajo. Cuando se produjo la venta de YPF a Repsol, tambièn algo de esta mujer -su pertenencia- habìa sido enajenado.
Yo no hubiera titulado la nota como "Trofeo", hubiera preferido "Ofrenda": entregar ese diario es tambièn ofrendar lo que durante tantos años guardò, atesoràndolo, porque eso, la pertenencia, la resistencia y la esperanza de esta mujer, nadie habìa podido venderla.