24 feb. 2012

¿ De què modo discutimos ?

Por lo general, todos los blogueros tenemos una amplia gama de blogs "colegas" a los que solemos leer, y, dentro de ella, algunos que por ciertas afinidades (de temas, de estilos) son aquellos con los que con mayor asiduidad nos comunicamos. En mi caso, "El Aguante Populista" del amigo Daniel -aclaro: a quien si bien no  personalmente, conozco bastante bien- por lo que desde hace años escribe, es uno de los que leo con mayor asiduidad.
Hete aquì que, muy recientemente, ha tenido un -por llamarlo de algùn modo-  altercado con otro lector de su blog,  de seudònimo Maloperobueno, persona èsta con una lìnea de ideas distinta, que, ante una pregunta que se hacìa Daniel acerca de si habìa responsabilidad del maquinista del tren en la tragedia de Once, recibiò un insulto como respuesta.
Paso el link para quien no haya leìdo el post en cuestiòn.
En realidad  no voy a usar este espacio para defender a Daniel, porque èl no necesita que nadie lo haga, y, ademàs, ha recibido muchas muestras de adhesiòn, pero voy a aprovechar la ocasiòn para decir algo sobre una cuestiòn que me ronda con mucha frecuencia:  ¿Què discutimos hoy en nuestro paìs, pero, aùn màs importante,  de què modo ?.
Lo primero que uno deberìa decir es que, hablemos de Malvinas, la tragedia de Once, el rol del Estado o de lo que fuere, generalmente se privilegia mucho màs el sostèn de una posiciòn que el intercambio de ideas, lo cual es particularmente peligroso: si uno expone su punto de vista ante el otro, justamente "se expone" a atender sus razones, se expone a conferirle al otro al menos parte de razòn en lo que dice. Lo cual, por supuesto, no implica una pèrdida, sino, en todo caso, ampliar el universo de un problema, poder verlo en su complejidad y, en suma, poder enfocar su resoluciòn con mayor riqueza.
El tema con esto es que, para entablar una discusiòn que lleve a la resoluciòn de un problema, sea el que fuere, hay una condiciòn sine qua non: poner a la resoluciòn del problema como el objetivo sobre el cual aplicar el intercambio, abrirse a èl, correr el riesgo de tener que reconocer que algo de lo que dice el otro -ese que piensa distinto- pueda ser vàlido.
Y esto es bàsico, pero en nuestra sociedad, en este momento, no parece ser la materia màs abundante.  Yendo a nuestro altercado motivador, ¿Daniel no puede preguntarse si tuvo responsabilidad el maquinista sin convertirse en un traidor a la clase obrera? Y cualquier persona, ¿no puede cuestionar la idoneidad de un funcionario del Estado en el control del concesionario del tren sin convertirse en antikirchnerista? Es realmente jodido quedar atrapado en esas lògicas binarias, porque empobrecen. Si Malvinas es una cuestiòn de Estado, ¿por oponerse al Gobierno se llega a publicar una postura pro autonomìa de los malvinenses, y en un momento de incremento de presencia militar inglesa en el Atlàntico Sur?
Y desde el Gobierno, ¿puede el secretario de transportes decir que en la tragedia ferroviaria hubo muchos muertos y heridos porque no habìa pasado el dìa anterior, que era feriado, o que en otros lugares del mundo tambièn ocurren catàstrofes por el estilo?. Son apenas dos torpes ejemplos que deberìan hacernos pensar un poco si no serìa màs inteligente efectuar aportes para recuperar nuestra soberanìa territorial, o para mejorar las condiciones en las que millones de personas nos desplazamos a diario para cumplir con nuestras obligaciones. 
Una cosa es sostener una idea, un rumbo, una concepciòn del mundo en base a la preponderancia de ciertos valores sobre otros; nadie puede arrogarse el monopolio de la verdad, tenemos la posibilidad de abrirnos paso entre las tinieblas discutiendo, argumentando. Una tremenda frase de Hegel dice que el hombre libre es el que sabe què lo determina. ¿Quièn no ha escuchado a su alrededor frases hechas, latiguillos que se repiten como loro con la misma convicciòn que si hubieran sido pensados por quien lo dice? (y en esto no hacemos distinciòn ideològica alguna) Hay que atreverse a salir  de los discursos enlatados y poder escuchar lo que el otro tiene para decir, porque quizà pueda aportar algo para lograr lo que los griegos definieron hace veinticinco siglos como fin de la  polìtica: promover la felicidad al mayor nùmero posible de personas.  A lo mejor, si nadie se opone, en el fondo se trata de eso.


22 feb. 2012

Hoy No

En este blog solemos hablar de polìtica.  Hoy no.
Todos tenemos el derecho a opinar,  y  nuestra opiniòn estarà necesariamente teñida del color en que vemos el mundo. No hay nada de malo en ello, sino todo lo contrario. Pero hay ocasiones en que, simplemente por mìnimas, bàsicas cuestiones ligadas a lo humanitario, a lo solidario, a lo respetuoso del dolor de los demàs, harìan que lo màs conveniente sea callarse la boca.
No vamos, como muchas veces, a hablar de coberturas de medios tendenciosas, sensacionalistas, etc (que por supuesto las hay) ni aùn de aquellas que pretendan sacarle el culo a la jeringa (que tambièn las hay). No, se trata, nomàs, de pensar en algo mucho màs microscòpico, y no siempre producto del gran discurso mediàtico, que es el de los pequeños seres odiadores profesionales, aquellos que no pueden permitirse ni treinta segundos para sentir pena por las personas que murieron, por las familias destruidas, por los que buscan a sus seres queridos de hospital en hospital, de morgue en morgue. Y no hablo de periodistas de TV, sino que me refiero a internautas, gente que lee blogs y comenta: con absoluto desprecio por el dolor de las pèrdidas, ven ocasiòn propicia para su mensaje de odio.
Y ¿saben què? no me preocupa esta actitud, lo que me preocupa es que nos estemos acostumbrando -como sociedad- a esto: a la muerte evitable, al carancheo del odio y del oportunismo rastrero. A que todo esto se nos haga un lugar comùn.
Se me ocurre que, de algùn modo, en algùn momento, volvamos a tener la capacidad de indignarnos, sì, pero acompañada de la capacidad de sentir la tragedia del otro, de reconocerlo del mismo modo que si nos hubiera pasado a nosotros, de respetarlo como quisièramos se nos respetara.
Hoy estamos de duelo; mañana busquemos a los responsables, y que se haga la justicia que necesariamente deba hacerse. Acà, como en todo, habrà componentes polìticos, econòmicos, socioculturales, corrupciones y varios etc., que deberàn ser tratados como corresponde. Pero, por un mìnimo respeto a quienes siguen buscando a sus seres queridos,
Hoy no.

18 feb. 2012

El señor Videla y sus palabras

Y de pronto, se le dio la palabra al asesino Videla. Sugestivamente, en momentos en que en España se le impidiò al juez Garzòn continuar su investigaciòn sobre los crìmenes del franquismo inhabilitàndolo para seguir ejerciendo su magistratura, una revista española reportea a nuestro mayor asesino serial, y de un modo tan concesivo, tan light, que despierta suspicacias: de algùn modo, darle la palabra a Videla, brindarle la ocasiòn y el medio para que se autocalifique como un "salvador de la Patria", es una manera de re-ligitimar a Franco: al cabo, dos militares occidentales y cristianos luchando contra el "comunismo"...
Pero, màs allà de la finalidad perseguida por Cambio 16, obviamente buscando algùn efecto en esta España que nunca se atreviò a mirar de frente a los horrores de su pasado, y que no termina de darse cuenta de lo negro que es su futuro si persiste por el camino que hoy transita, decìamos, el hecho es que Videla, autoproclamado preso polìtico, publica su pensamiento, siempre monocorde, tedioso, reiterativo de las dos o tres muletillas de las que abusa, vaciado de contenidos, denunciando la "injusticia" a la que estarìan siendo sometidos èl y sus camaradas de muerte.
No vamos a analizar todo su discurso, porque en buena medida, no merece anàlisis, pero sì quizà amerite detenerse en un par de ideas, de conceptos que allì vierte, y, en otros, elididos, màs aùn, desaparecidos, con la complicidad del reportero. "...fue un error de nuestra parte aceptar y mantener en el tiempo el tèrmino de desaparecido digamos como algo asì nebuloso... a nosotros nos resultò còmodo entonces aceptar el tèrmino de desaparecido, encubridor de otras realidades, pero fue un error que todavìa estamos pagando y padeciendo muchos. Es un problema que nos pesa y no podemos quitàrnoslo de encima. Ahora ya es tarde para cambiar esa realidad. El tema es que el desaparecido no se sabe dònde està, no tenemos respuesta a esta cuestiòn. sin embargo, ya sabemos quienes murieron y en què circunstancias. Tambièn màs o menos cuàntos murieron, luego cada cual que invente sus cifras".
LLamativamente, Videla dice que fue un error aceptar el nombre de desaparecido. Es decir, en su mesianismo desenfrenado no se conformaron con el rol de matarifes que con tanta saña cumplieron, sino que hasta debìan ser ellos quienes le dieran un nombre a su barbarie.  Es una verdadera làstima que el periodista, en su concesivo reportaje, no le preguntara acerca de cuàles eran las otras realidades que encubrìa el tèrmino: ¿Se referirìa al robo y apropiaciòn de bebès, al saqueo de los bienes, a las torturas, a los vuelos de la muerte? temas èstos absolutamente elididos, dirìamos, desaparecidos, de su discurso, del mismo modo que estaba tambièn encubierto que el terror debìa extenderse por todo el tejido social porque era el ùnico modo de llevar a cabo la polìtica econòmica que imponìa Martìnez de Hoz y sus socios. Tambièn aparece allì relativizando el nùmero y el motivo de las denuncias, a las que otorga como origen una compensaciòn econòmica: si fueron 7.000 ò 30.000, intentando banalizarlas. Claro, lo que no podrìa nunca comprender este psicòpata es que no es el nùmero lo que hace a la cuestiòn, sino lo aberrante del acto en sì: tanto  Auschwitz, como la ESMA, no se convirtieron en lo que son por una relaciòn de cantidad, sino por las atrocidades sin lìmite que allì se llevaron a cabo.
Es tambièn interesante la construcciòn delirante que hace respecto a la situaciòn que actualmente tienen èl y los otros procesados por delitos de lesa humanidad: señala que nunca estuvieron (ellos) en peor situaciòn que en el presente, porque los Kirchner "vienen a cobrarse lo que no pudieron cobrarse en esa dècada ('70) y lo hacen con un espìritu de absoluta revancha, con el complejo, y esta es una opiniòn personal,  y con el agravante de quien pudiendo hacerlo no lo hizo en su momento. Estos señores eran buròcratas que repartìan panfletos y no mataron ni una  mosca entonces". Claro, el no haber participado de la lucha armada, el haberse atenido a otro camino sin derramar sangre no merece respeto. De los dichos de Videla, entonces, se desprende que el "no haber matado ni una mosca" es una descalificaciòn, màs aùn, una indignidad, que los inhabilita. Pareciera ser que hay que matar para ser respetado.
En su pequeño mundo binario solamente hay lugar para amigos y enemigos, y para èstos ùltimos, sòlo la muerte.
Por ùltimo, algo notable: "Hoy la Repùblica està desaparecida, no tiene justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurìdico; el mismo Parlamento no tiene contenidos, està compuesto por ganapanes que temen que les vayan a quitar el puesto y se venden al mejor postor...hoy las instituciones estàn muertas, paralizadas, mucho peor que en la època de Marìa Estela Martìnez de Peròn. Lo que me permite decir que no tenemos Repùblica porque no tenemos a las grandes instituciones del  Estado funcionando. La Justicia, el Congreso y las demàs instituciones, por no hablar de otros aspectos, no existen; las realidades no son asì".
Es muy interesante ver, a lo largo del reportaje, de què modo este asesino diluyò su propia responsabilidad en todo lo que hizo: dio el golpe a pedido de Balbìn;  èl y sus camaradas se convirtieron en señores de vida y muerte por el decreto de Luder que les daba, en sus palabras, licencia para matar y fue Luder el que eligiò el curso de acciòn a aplicar; no impusieron en su momento la pena de muerte porque seguramente no habrìa jueces que la aplicaran, etc.
Decir que hoy lo que està desaparecido es la Repùblica es el intento de bastardear la terrible significaciòn que ganò la palabra, de tornarla inofensiva ganando nuevos significados, aplicables al enemigo al que teme. Irònicamente, es quien reemplazò a la Justicia con la patota y al Congreso con la CAL (comisiòn de asesoramiento legislativo, integrada sòlo por milicos) quien emite esta sentencia. (màs o menos lo mismo que sostiene Carriò cuando necesita salir en los medios, dicho sea de paso).
Pobre señor Videla, va a morir preso resultado del juicio que èl le negò sistemàticamente a quien caìa en sus manos; tan cristiano èl, no sea cosa que cuando muera vaya al infierno porque la justicia del cielo estè desaparecida.