24 oct. 2011

Valió la Pena.

A la luz de lo que pasó ayer, y recapitulando un poco el camino de estos últimos años, uno siente ciertas satisfacciones. La primera que surge es el recuerdo de ese otoño del 2008, cuando los "indignados" (o indignos?) agrarios, junto al gran diario argentino y la traición de Cobos (alguien se acuerda de él?) ponían al gobierno en una encrucijada entre la capitulación -lease rendición incondicional- o la destitución.
Otra de las tantas, cada uno arme su menú, fueron las cartas a las embajadas que la diputada del partido apocalíptico se esmeró en distribuir para mostrarle al mundo el reino de Satanás en la tierra. Biolcatti y Grondona haciendo apología de la destitución,  la plata de los jubilados, el manoteo a las reservas,  la bipolaridad de Cristina, seguramente confundiendola con una instalación eléctrica, porque la entidad psicopatológica que llamaron así los yankys, francamente no se le nota. Y tantas otras... la amante de Kirchner, las valijas de Antonini, Schoklender,  las carteras de Vuitton, la tapa de Noticias con el Fachoprogresismo, el polémico Moreno, etc.;  como dice León Gieco, todo está guardado en la memoria, para los que quieren a Videla y para los que no quieren a Videla también.
¿Se acuerdan cuando éramos casi unos parias por defender al Gobierno con las retenciones o la Ley de Medios? Quién sabe con cuánta gente nos peleamos en todos los ámbitos en los que nos movemos, los cuales, si antes no nos apreciaban mucho, hallaban certeza en ese juicio, mientras que los que sí nos apreciaban no entendían por qué éramos tan obstinados en ir contra la corriente de la "opinión pública", defendiendo lo indefendible. Hoy somos millones los que votamos esta continuidad.
Será, quizá, que pudimos ver, por primera vez en lo que nos va de vida a muchos, que alguien llegaba al poder con nuestras banderas, no las partidarias, sino las de nuestros valores: revalorizar al trabajo y al trabajador,  pensar la política con la finalidad de la mayor felicidad para el mayor número posible de personas, retomar la ética de la solidaridad,  promover la igualdad, tratar de volver a incluir a los expulsados de la sociedad, a los descastados, una suerte de desaparecidos sociales que tantos años de rapiña nos brindaron.
Falta mucho, muchísimo. Más y mejor. Pero se está en ese camino. Seguramente seguiremos teniendo momentos difíciles, y no estamos solos en el mundo. Nadie tiene el futuro garantizado,
basta con ver a los opulentos de ayer en la vieja Europa saliendo a protestar como si fueran los despreciados sudacas, el pueblo griego recibiendo ajuste tras ajuste y palo tras palo, pero nosotros elegimos la senda por la que vamos, y esto fue legitimado por las grandes mayorías.
Por eso, hoy digo: valió la pena. Qué mejor homenaje a ese flaco desgarbado y narigón que se fue antes de tiempo, que ofrendarle este momento...