23 abr. 2011

Desclarinizar

Analizar el panorama de los partidos de la oposición en la Argentina de hoy y extraer alguna conclusión que mínimamente se adhiera a la razón, es tarea poco menos que imposible.                 Quizá entonces sea justo reconocer que, en los dichos de Macri acerca de que éste es el peor momento de la democracia desde su recuperación, haya involuntariamente algo del orden de la verdad, sí, pero invirtiendo los términos en los que se plantea. Según este relato, asistimos a un gobierno despótico, autoritario, patotero, que pone el mismo énfasis en destruir el republicanismo, la división de poderes y la propiedad privada, como desidia y hasta abandono en preocuparse por la inseguridad, llamado a ser el mal de todos los males. Ante tan sombrío cuadro, se impone, pues, una actitud patriótica, demandada a todo el espectro ideológico,  de deponer intereses personales y sectoriales, y unirse para aniquilar al monstruo kirchnerista. Agreguemos: ofrece generosamente su persona para encabezar la cruzada libertadora, oferta conducir esa virtuosa suma de voluntades  restauradora de las instituciones. Ahora bien, esta típica pieza del folklore, en sí y por sí, no merecería siquiera ser mencionada en una línea, si no fuera por la manera elegida para efectuar el llamado: a través de los medios.  Y esto es lo que nos permite ir entrando de lleno en el tema: teniendo canales de comunicación directos, hasta personales, se recurre a la convocatoria mediática. Aquí es válido preguntarse ¿A quién es dirigido este llamado?  ¿al resto de los partidos de la oposición, o al "vecino televidente" , mostrándose  como la prenda de unidad de la desarticulada oposición ? Pero tampoco esto es lo que más nos interesa, porque son, al cabo, 
"politiquerías", trivialidades, ventajitas irrelevantes. Nos parece sí, mucho más interesante que pensar a quién estaba dirigido, destacar el "desde dónde": justamente, desde los medios.
Volveremos a este punto un poco más adelante; primero demos una mirada rápida sobre la situación del arco opositor: la UCR, con un liderazgo a dirimir entre tres dirigentes cuyo resumen curricular pasan por ser hijo de un muerto ilustre, un traidor a su propio gobierno y un oscuro personaje obsesionado con las canaletas de la droga y el juego. No puede saberse qué diferencias programáticas hay entre ellos, la inexistencia de programas lo impide. Pero, a su vez, depende de quién se imponga, el partido hará alianza "programática"  con algunas fuerzas políticas, o con otras: p/ej. si gana Alfonsín, puede aliarse con el socialismo de Binner, el juecismo y el GEN de Stolbizer. Pero, a su vez, éstos últimos, alarmados porque su mismo posible aliado radical está coqueteando con De Narvaéz, están siendo proclives a aliarse con Proyecto Sur de Pino Solanas, pero éste último pone como condición que de dicha alianza no formen parte los radicales, y además, está analizando bajarse de la candidatura presidencial y apuntar a la Jefatura de Gobierno de CABA.; el mismo dilema en el que está Macri, quien percibe con certeza su derrota en las presidenciales y sospecha que hasta podría perder también el único territorio donde tiene presencia importante. Por debajo de su figura, se agitan las aguas entre su Jefe de Gabinete y su ex- vicejefa de gobierno, un show en sí mismo. Acerca del Peronismo Federal (o Feudal), la impronta del ridículo sobre un fondo de inexistencia bien merece que se lo nomine como Peronismo Fantasmal. Nada por decir.
Extrañamente, los mayores actos de coherencia provienen de Carrió, quien tan sólo espera le ofrezcan una alianza (cualquiera) para poder rechazarla y lanzar un inflamado y soporífero discurso que justifique que nunca gobernará ni una maceta por culpa de su dignidad y honestidad,  y de la Izquierda, que ha conformado un frente de casi todas las fuerzas trotskistas destinado a otorgarles supervivencia jurídico-electoral. No deja de ser un logro tamaño esfuerzo para una presentación testimonial. (me refiero a la izquierda, claro...)
Ahora bien, aquí no estamos asistiendo al clásico juego de pujas, tensiones y dinámica de todo proceso pre-electoral (llevamos vistos muchos de ellos, ninguno así) sino que se percibe una importante  desarticulación de los partidos políticos en tanto tales, porque lo que está roto es la articulación de esos partidos con la base popular, lo que está roto es el contacto directo, pulsátil, con su pueblo,  sacrificado al altar de las necesidades del poder mediático.
La mera existencia del Grupo A, matriz experimental de lo que propone Macri a instancias de Magnetto,  es la prueba de hasta qué punto los partidos han perdido su identidad propia, subordinándola a una "unidad transitoria de oposición"; si oponerse al kirchnerismo es lo que les otorga visibilidad mediática a sus dirigentes, este mismo acto, de subordinación al clarinismo, es lo que  desarticula a los partidos con sus bases. Es en este punto donde Macri dice involuntariamente la verdad acerca del peor momento de la democracia.
¿Qué opinará el afiliado radical bonaerense de votar a De Narvaez para apoyar a Alfonsín como presidente ? ¿Y el peronista -no kirchnerista, claro- votando a Macri ? y así, podrá haber infinitas variaciones en una ingeniería frenética, pero en la cual lo que está presente por ausente es la mínima coherencia de lo que hace que un radical sea radical, un socialista sea socialista, y un peronista, peronista. Es hasta obscena la exhibición por parte de los dirigentes de que son meras piezas móviles e intercambiables en el plan maestro del complejo mediático-económico, tanto como llamativa la pasividad con que es aceptado por parte de los afiliados y simpatizantes de los partidos. Dicho claramente: no podremos aspirar a tener una oposición seria hasta que los partidos no vuelvan a ocupar su espacio propio: el de sus ideas políticas, económicas y sociales.

¿Y qué decir en relación al Kirchnerismo ? Obviamente, fuera de toda afectación por esta problemática, debiera, en la batalla cultural que se está librando, ayudar a construir una oposición como la que mencionamos, también desclarinizándose.  Ya ha pasado la debilidad del 2008/2009, se ha salido fortalecido, se está produciendo un cambio de paradigma, es el momento en que las propuestas y las concreciones se generan y suceden de unas a otras. Clarín, lo que conlleva, sabe que se está a una muestra de ADN de distancia de perder la poca credibilidad que le queda.  Hay que salir de ese lugar en el que mucha gente pone, como si fueran pares "Gobierno-Clarín", donde según Lanata, ellos son los débiles, las víctimas de los atropellos.  No engordar más este pavo, esa sería una inteligente manera de desclarinizarse.

10 abr. 2011

Preguntas, sólo preguntas

En Página/12 de hoy hay una nota de Martín Granovsky, "Mundos Paranoicos" absolutamente recomendable, nota que habla de la muerte de Humberto Ruiz, conocido como "Sapito" por sus amigos y vecinos de la Villa 31, por la negativa de una médica y el chofer de una ambulancia del SAME a entrar en la villa para asistirlo, aún con custodia policial.
La nota en cuestión va mucho más allá del hecho en sí, lo toma como un disparador para pensar, para preguntarse  sobre la condición humana, sobre el derecho penal y sobre lo moral, sobre la responsabilidad de lo público y de lo privado. 
Nos gustaría seguir por esa línea de interrogantes,  ingenuos quizá,  seguramente poco marketineros, pero que hacen al tramado de la vida cotidiana. Y en un año electoral, una posible pregunta sería: ¿qué se vota cuando se vota?  Aquí sería muy útil la opinión de los amigos sociólogos y de los conocedores de la historia, pero podríamos presuponer un puñado de posibles respuestas: habrá quienes voten a una persona, por considerar que tiene las cualidades necesarias para el cargo que se elige; otros, en cambio, votarán por una fidelidad ya sea partidaria, ya sea ideológica, sin reparar tanto en la persona a elegir; quizá otro grupo vote de acuerdo a un programa de gobierno como eje rector, y también habrá quienes les importe más que no triunfe determinado candidato, o idea, o partido, orientando su voto hacia lo que se le oponga con mayor posibilidad de éxito. Esto, a enormes rasgos, e incluyendo las posibles combinaciones y grados (por ejemplo:  "sacrificar" pureza ideológica considerando certeza de gobernabilidad, o necesidad de cambio de  rumbo político).
Juguemos con algún ejemplo: ¿por qué alguien votaría a Macri ? Rápidamente cualquiera de nosotros armaría un perfil del típico votante PRO, de su aversión al Estado, del sesgo de un paraíso noventista perdido (para muy pocos) que se añora y se desea, de la defensa a ultranza de luz verde permanente para el capital, de la "libertad" abstracta y selectiva para el individuo, la "apertura al mundo" (es decir, a EE UU y Europa) y la adoración del dios-mercado.
Bien, hasta ahora, es lo esperable de "gente PRO". Pero, si se convirtiera en el opositor mejor posicionado, en el único con posibilidades de pelear un hipotético ballotage, ¿ recibiría el voto de, por ejemplo, personas (no hablo de militantes) que simpatizan con Proyecto Sur,  con el arco de los partidos socialistas, con los sectores menos conservadores del radicalismo ?               La pregunta se refiere a personas que no votarían al Frente para la Victoria, pero que también están, todas y cada una de ellas, dentro del campo popular. Descartemos la solución de compromiso, la salida facilista del voto en blanco: hay que elegir entre dos alternativas que no representan el ideal del hipotético votante, blanco o negro. Creo que aquí lo que surge es una elección tanto  política como moral, porque optar por Macri es entregar el Estado para ser destruído, para ser, en tristemente célebres términos, ser "aniquilado". Desde este punto de vista, lo que está en juego en este ejercicio que proponemos, más allá de las preferencias, es el rol del Estado mismo, y la posibilidad o no de asistencia a los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
Por eso la pregunta está planteada en términos de alguien que no es del PRO ni oficialista.
Volvamos a la nota de Martín Granovsky,  preguntémonos con él acerca de la responsabilidad del Estado (el autor nombra tanto a CABA como a Nación)  en lo ocurrido, preguntémonos (con la complejidad del caso, que yo al menos desconozco para abrir juicio) por la actitud de la médica y el chofer de la ambulancia negándose a entrar aún con custodia policial, y preguntémonos, de paso, qué tipo de Estado queremos construir. Tal vez sea una punta válida para poder pensar y decidir el tipo de país que se quiere.