27 oct. 2010

CHAU NÉSTOR, HASTA LA VICTORIA SIEMPRE


Me quedé sin palabras, sólo con sorpresa y dolor.
Mucho dolor.
Y mucho, mucho agradecimiento.
Nosotros seguimos el camino de la Liberación

Chau, Néstor Kirchner, Hasta la Victoria Siempre. 
 

23 oct. 2010

Violencia(s)

Una gran tristeza. Eso siento por el asesinato de un pibe de 23 años que, siguiendo sus ideales, pagó con la vida su generosidad militante. Murió siendo solidario con laburantes víctimas de la injusticia; fue a manos de una patota a sueldo de un enriquecido jerarca sindical, para poder seguir sosteniendo sus privilegios. Como hemos venido pidiendo desde hace muchos años: juicio y castigo a los asesinos, sicarios y patrones. Justicia.
Justicia, respeto y recuerdo son las únicas cosas que los vivos podemos ofrecerle a los muertos, que al menos no le falte ninguna de ellas a este pibe, llamado Mariano Ferreyra.
Pero no voy a hablar de este crimen; ya muchos amigos en sus blogs lo han hecho con profundidad y compromiso.
Desde hace algunos días venía pensando en escribir acerca de la violencia, sobre las distintas formas que cobra, sus distintos grados de visibilidad y, por ende, su impacto: algunos hechos, más que publicados, exhibidos en los medios, ofician de trampa para la mirada, si se me permite: de atrapa-mirada. Son los temas que concitarán la atención, el punto de focalización al que somos conducidos, porque forman parte del reality show cotidiano, las cosas de las que se hablará en la mesa familiar, en la oficina, en la calle.
El uso de la palabra “show” no es azaroso ni inocente: se ve desde afuera, en tanto no involucrado, dirigiendo su mirada sobre lo que hace el otro. Una noticia como el crimen de este muchacho desata el festín caníbal; su imagen tirado en el piso, habiendo perdido el control de sus esfínteres, repetida a cada momento, se me hizo la representación del irrespeto, la profanación del cadáver como el atrapa-mirada ya mencionado para ser consumido canibalísticamente.
¿No es ésta, acaso, otra forma de la violencia? porque hay muchas otras violencias, infinitas, que son silenciadas, escamoteadas a la mirada. Hay violencia, demasiada violencia, sobre la que no se habla: las que ocurren en el ámbito hogareño, tantas mujeres golpeadas, chicos abusados; las redes de trata de blancas, los pedófilos con o sin sotana. El trabajo precarizado, abusivo, explotador; la discriminación por color de piel, por nivel educacional, por billetera.
¿Cuántas mujeres más deberán morir por abortos caseros por la sencilla razón de
su pobreza que le impide poder pagar a un médico? ¿Cuántos chicos más deben ser abusados por curas pedófilos sin que ni siquiera la Iglesia los expulse de sus filas? Y la justicia, cuando los encuentra culpables, ¿por qué los privilegia con una libertad que se le niega al resto de los mortales, en espera de apelación?
Pero celebramos el Día de la Madre, todos aprovechamos para hacerle un buen regalo a nuestra madre o a nuestra esposa, en nombre de nuestros hijos. Y también festejamos el Día del Niño, les regalamos objetos a nuestros hijos, mientras un canal de TV y la curia arman “un sol para los chicos”. Sol que sale por un día, trescientos sesenta y cuatro, si no se nubla, llueve.
Me pregunto cuándo, al hablar de inseguridad, se lo hará pensando en quienes no tienen la seguridad de poder cenar esa noche; cuándo será que, al hablar de robos, se mencione a tanto niño al que le robaron brutalmente su infancia, y salen, chiquitos, a cartonear.
Vivimos en una sociedad terriblemente hipócrita: muchos de los que clamaban indignados por el asesinato de este muchacho son repetidores seriales de que “a los piqueteros hay que matarlos a todos”, pudiendo sostener ambas cosas sin inmutarse. O aquellos que se quejan acaloradamente por la inseguridad, por las muertes que suelen producirse en intentos de robo de auto, pero no dudan en comprar los repuestos en la calle Warnes, en su mayoría robados, porque son más baratos, acaso por estar manchados de sangre.
Violencia es también una asimetría tan obscena, el contraste tan marcado entre los que más tienen y los que han sido expulsados a la marginalidad.
Ser joven y pobre suele ser una invitación al prejuicio incriminante y a la inversión de carga de la prueba: será culpable hasta que alguien demuestre lo contrario.
Cuando se discrimina, cuando el otro deja de ser una persona para convertirse en una molestia, o una posible amenaza, el buen burgués, temeroso de su integridad o la de sus bienes, no duda en ejercer su violencia, esa que los hace comprar un arma para “defensa personal”, o esos gigantescos perros que suelen salir en el show televisivo porque terminaron matando a alguna criatura de la misma familia.
Eso se llama “drama”, “tragedia”, palabras grandilocuentes que no usarían si el pibe muerto a dentelladas hubiera sido un pobretón que entró a buscar la pelota caída tras el portón, porque la invasión de la propiedad privada cambia la carátula.
Todo esto queda fuera del registro de la cámara, no aparece en las pantallas.
El festín caníbal no ha requerido de estas nimiedades, es escrupuloso al extremo en la clasificación de lo que se debe consumir y lo que se debe descartar.
Y no se trata de diluir a los violentos, de licuarlos, dentro de la violencia de la sociedad. No. Hay una clase de violentos de la que tienen que ocuparse las instituciones del Estado, en particular, el Poder Judicial, pero otras formas de la violencia, más sutiles, indirectas, pero no por eso menos destructivas, requieren que volvamos la mirada hacia nosotros mismos, y nos preguntemos qué tenemos que ver nosotros como sociedad con lo que nos pasa. Comencemos a ver estas otras formas de la violencia, de la injusticia, que es su madre. Y alguna vez tomemos en cuenta que nuestros hijos aprenden mucho de lo que decimos, pero se forman fundamentalmente viendo qué hacemos con lo que decimos.
Comencemos, entonces, a usar los espejos en nuestras casas.

6 oct. 2010

Maradona, la metáfora y la manada

Leo en internet una nota publicada en el diario español El País, llamada "Maradona como metáfora argentina", y,-entre tantas otras curiosidades que iremos desplegando- firmada por dos personas: John Carlin, periodista adde quien aclaran vivió 10 años en Buenos Aires, y Carlos Pierini, a quien presentan como médico psicoanalista argentino. Es interesante prestar atención a esta presentación, porque justamente alude a lo que los habilitaría, les daría la pátina de un cierto saber desde el cual van a hablar: sugeriría que la nota periodística va a estar apuntalada, sostenida desde un discurso psicoanalítico. Cumplo en informar que no es así. La utilización de palabras propias de una disciplina per se no hacen a un texto científico, y, está claro, no hablará "el Psicoanálisis", hablará un sujeto que en todo caso es psicoanalista, y no más que eso, lo cual no lo habilita especialmente para nada que no sea su práctica profesional.  Me disculpo por esta larga introducción, pero maradonianamente podríamos decir que, al menos en ésta, el Psicoanálisis no se mancha.

Ahora sí podemos aproximarnos al texto en sí, que no es otra cosa que una expresión de rusticidad y pobreza intelectual,un compendio de prejuicios sociales, políticos, ideológicos enmascarados en la ficción científica, y estructurados en pares de oposición: la Argentina del Centenario, granero del mundo,  con un standard educativo comparable al europeo occidental, se convierte así en el Paraíso Perdido, estado ideal que bien podría ser producto de un discurso religioso, por el pecado del populismo, y, en particular, del peronismo.             Interesante cuestión,  en su inflamado (e infatuado) discurso, la "pareja autoral" de la nota sostiene enérgicamente que la "manada" al endiosar a "seres Ídolos-Dioses" (sic) como Perón, Evita, Maradona, NK y CFK, niega la realidad. ¿Realidad de oligarquía del Centenario obscenamente rica, de los que embarcaban a su vaca camino a París para tomar leche fresca en la travesía ? En todo caso, si de manipular los límites del Psicoanálisis se trata, lo que quedaría bajo el manto de la represión es justamente la causa del enriquecimiento ofensivo de las elites patricias: el laburante. Y la represión no es solamente  la acepción freudiana, sino la que instrumentó, entre tantas, el ejército en la Patagonia. ¿Qué pasó acá con la metáfora, Pierini, cayó ante las balas, como esos seres reales, tan reales que necesitó nominarlos como animales de manada ? Haciendo honor a la repetición compulsiva con  la que los autores nos iluminaron, también cayó bajo la represión (la freudiana, por la cual ciertas representaciones insoportables para la consciencia son expulsadas al Inconsciente y retornan luego como síntomas, sueños, lapsus, fallidos) la sucesión de golpes de estado, fusilamientos, persecuciones, silenciamientos, culminando con la obra maestra de lo siniestro: las desapariciones. Si estamos analizando desde un dispositivo psicoanalítico, ¿cómo soslayar que cuando los grupos de tarea secuestaban, lo llamaban "chupar"? Todo eso desapareció de su prolijito discurso, Pierini, de la figurita del Billiken "psi" que quiso componer, la idea del eje del mal encarnado en el populismo, el peronismo, todo lo que a usted le huele muy mal, como una hedionda manada de animales salvajes.
Como también desapareció de su discurso el ajuste, ya que estamos embretados en cuestiones del significante, precisemos: el ajuste del cinturón del pueblo durante muchos años por esa corrección política que usted, Pierini (yankee go home, ya no me interesa el gringo) parece añorar: los Mxnxm, De La Rúa, Cavallo, tantos, rigurosos, planificados y serios a su agrado. Si, han costado algunos muertos, es cierto, pero la manada es numerosa. No importa, de todos modos, los éxitos y los fracasos no se miden por cantidad do.e muertos, sino por proximidad al ideal propuesto.
Para finalizar: ¿No será que usted se cree -un poco- una suerte de Maradona con la brillante obra que ha parido?
Porque, visto desde la manada, parece usted  iluminarnos, señalándonos el camino correcto, ese que nos llevaría a ser un poquito, apenas un poquito, más a su semejanza, lo que sería como recobrar el paraíso perdido.

P.S.:  en mi retina llevo el magnífico gol de Maradona a los ingleses, pero no el de la mano, sino el otro, el de la ética de un deseo indestructible, en el que ni siquiera lo pueden voltear. ¿lo conoce ? porque es ése el que se le valora, al menos en mi barrio.

También podría funcionar como metáfora, ¿no?

Habría más para decir, honestamente, sobre lo escrito. Pero no creo valga la pena, al cabo, cada quien tendrá su concepción del mundo (esa que el viejo vienés llamaba weltanschauung)
y de acuerdo a ella vivirá, escribirá, pensará. Dificulto podamos coincidir en algo.
 
Por último: Que feo, para un psicoanalista, hablar de un adicto, y decir que se chupó todo.
Fíjese en lo escrito arriba, a lo mejor le resuena. Ah! de "la manada" no me explayé, lo dejé a criterio de cada quien...