29 may. 2010

Argentina: Otra escena es posible (leer más)

Vivimos en una época de pantallas; estamos habituados, ya de modo casi mecánico, a percibir el mundo y la realidad, filtrados por nuestras pantallas.
Las imágenes han ido ganando cada vez más terreno, y ciertos medios, como el televisivo, se tornaron conquistadores de los hogares. Conquista que no por incruenta dejó de ser eficaz en la transmisión de ciertos discursos, en el modelamiento de corrientes de opinión funcionales a determinados intereses económicos y políticos.

Así, para muchas personas, y con las variaciones propias de cada singularidad, estas pantallas representan el escenario donde se despliega el espectáculo del mundo.

Como todo espectáculo, ha de tener guionistas, intérpretes que compongan los personajes y, por supuesto, espectadores.

Habitualmente, quien escribe los guiones no aparece ante la vista de los espectadores. Es decir, éstos suelen tener un conocimiento difuso, mínimo o hasta inexistente del primero. Será el guionista quien generará los libretos, el texto que ha ser interpretado.

Podríamos arriesgar la hipótesis que quien crea el espectáculo está, en el mismo acto, creando al espectador.

Tomemos el ejemplo de los canales de noticias, paradigma del espectáculo del Siglo XXI: una nota cualquiera, sobre un tema común, por ejemplo, la inseguridad. La imagen mostrará al movilero, micrófono en mano, expresión grave, ensamblará un discurso ante la cámara, rodeado de “vecinos preocupados, pero alegres de salir en TV” de modo tal que, lo que los había convocado para testimoniar sobre un caso en particular, deviene un universal: “nos están matando a todos”.
Imagen con pregnancia, identificación al semejante que sufre lo que a mí me podría haber tocado. De esto se ocupan los zócalos y los comentarios, tanto verbales como gestuales, de los presentadores.
Pero no sólo ocurren estas cosas con lo que podríamos llamar “dramas personales” ligados a inseguridad. A veces hay hechos con consecuencias colectivas, como la utilización de parte de los fondos jubilatorios dedicados a sostener el nivel de empleo (por el cual se pagan las jubilaciones) rebautizados como “manotear la plata de los jubilados”, como si las R.I.P. AFJP hubieran sido garantía de un retiro digno. O el uso de parte del excedente de reservas del BCRA para bajar intereses de una deuda externa que, guste o no, nadie dejará de pagar.
En estos casos, suele aparecer un “experto”, por lo general con alguna responsabilidad en la generación o el incremento de dicha deuda, que pontifica sobre cuestiones tales como “generar confianza para que vengan inversiones”, criticar la “inseguridad jurídica” cuando tímidamente se intenta impedir algún expolio mayor como el que existía con los fondos de pensión, que terminaba pagando el estado para poder otorgar una jubilación mínima, y una larga lista de etcéteras.

Lo importante es que el show funcione, y en continuado. Porque el modelamiento de opinión supone una secuencia ininterrumpida, una continuidad en el tiempo y los temas que lo torne un mosaico homogéneo:”las posibilidades del desarrollo del país están ligadas a la libertad de los mercados y a la confianza que generemos en los inversores extranjeros”. En términos infantiles, lo bueno es lo privado y desregulado, lo malo es la inversión pública y un estado soberano, tendiente a una distribución más equitativa de la riqueza, aunque sea gradual, paulatina.

Al fin y al cabo, que en la era del espectáculo alguno de los significantes que más se escuche sea “escándalo” es un estricto acto de coherencia. Si alguien ve al hambre como escándalo en vez de cómo tragedia, es porque está mucho más interesado en el espectáculo del hambre que en su erradicación definitiva.

Concentración empresarial mediática, defensa corporativa de intereses comunes, el empeño del zapping muestra un abanico homogéneo, ley de medios y “otro avasallamiento”, esta vez a la libertad de prensa (entiéndase: negocios de empresas periodísticas). Aquí surge la figura del autoritarismo que sofoca las voces críticas, al periodismo independiente (me cansé de encomillar).

La apuesta fue crear un espectador indignado por la situación de inseguridad, a quien le robaron hasta sus fondos jubilatorios y a que además sojuzga al último baluarte que defiende sus derechos: la prensa independiente, por parte de los corruptos y soberbios que se niegan al consenso (más o menos, de acuerdo a las diferencias estilísticas de quien lo repita).
Esto implica, ni más ni menos, hacer de la opinión pública, una marioneta de los intereses privados. La supuesta libertad del pueblo es la de ser hablado por Otros.
Y es también la libertad de ser rehén de los negocios del Otro.

Calendario mediante, llegó el Bicentenario. Y acá es realmente donde empieza otra historia.

En un escrito anterior, Bicentenario y Singularidad, previo a los festejos, nos preguntábamos sobre qué se festeja del Bicentenario, y la conclusión a la que llegamos fue que se festeja la constitución del Nosotros en tanto sujeto colectivo, dándole a lo emocional el espacio que indudablemente merece. Aún dentro de la diversidad, hay en común ese ser argentino, que fue lo que el pueblo rescató en la calle, y justamente esta unión de diferencias lo constituyó en festejo popular.

Lo sorprendente, lo terriblemente emocionante que nos invadió a todos fue el abandono –circunstancial, pero real al fin- de la primacía de la pantalla: allí, poniendo el cuerpo en esas calles atestadas de gente, el pueblo dejó de ser espectador para devenir protagonista. No es casual que haya sido esta fecha la convocante para semejante fenómeno: es ni más ni menos que el conmemorar nuestro mito de los orígenes.

Uno de los aspectos que más impresionó fue el de, sobre un fondo de violencia siempre a punto de desatarse con la que nos bombardean los medios, simplemente nos unimos millones de personas para festejar en paz, junto con nuestras familias. Fue un golpe durísimo al terrorismo de opinión.


No nos ilusionamos pensando que la participación masiva implica necesariamente una conciencia política multiplicada, pero quizá constituya un síntoma temprano, un movimiento tendiente a des-alienarse, a dejar de ser espectador obligado del discurso único.
Romper con ese lugar de pasividad, lugar del que, sentado simplemente, mira como otros le construyen su propio universo, ese es el fantasma que vacila. El único seguro contra los espejismos de las pantallas es el de conocer los presupuestos que las animan, las ideologías que las conforman, los discursos que las sostienen. Dado que la realidad es una construcción, será el aporte de la diversidad lo que nos enriquezca, lo que nos permita redescubrir que otra escena es posible, porque la historia no está escrita de antemano.

Ocupar la escena es ocupar ese lugar simbólico del protagonista, ese sujeto constructor del Nosotros. Un Nosotros que con jovencísimos 200 años está dando sus primeros pasos. Podría ser, quizá, el Bicentenario la piedra basal para el retorno a los ideales del Mayo de los orígenes, para reescribir el texto de nuestro común destino: solidario, liberador, igualitario, dignificante.

21 may. 2010

Bicentenario y Singularidad (leer más)


(Reflexiones sobre los Post “El argentino más pobre, sabrá de qué se trata el Bicentenario” y “Ajenos al Bicentenario”) de “La Cosa y la Causa”

Una maravillosa frase freudiana dice: “dilucidar el estado originario es siempre asunto de construcción”.

La construcción a la que alude es, justamente, la construcción mítica. Un recubrimiento del orden simbólico sobre el agujero de un origen perdido, una inscripción significante que opera organizando el mundo.

Eva Row escribe dos textos: uno,  preguntándose, sobre el fondo de la inequidad de nuestra sociedad, qué implicará el Bicentenario para los excluidos del sistema, los expulsados de la economía, de la educación, del  trabajo formal, de la atención digna de la salud; se interrogará sobre su registro. El segundo, en cambio, se refiere a quienes, desde una ubicación harto diferente en la escala social,  sostiene una postura entre prescindente y negativa ante el acontecimiento.

Los dos textos, su mutua implicancia, llevan, entre varias, a una pregunta directriz: ¿Qué es lo se  que festeja del Bicentenario?  Puedo decir lo que hace eco en mí: lo que se festeja es el acto inaugural, mítico, de la fundación del “Nosotros”. Festejamos el parirnos a la historia, el Acto de constitución del Nosotros, diferenciado, disruptivo del estatuto previo, reacomodamiento de las significaciones preexistentes.
Porque de lo que se trata es de la eficacia simbólica, los efectos que genera.

Veamos un poco lo dicho en los textos enfocándolo desde esta hipótesis.  Cuando Eva se pregunta por “el argentino más pobre”, y establece una dualidad especular entre el rico en desposeimiento y el burgués que más o menos flota (generalidad de quien escribe y leerá estas líneas), apela a –resumo- categorías del “tener”, relacionadas con la posición relativa ocupada, ya sea dentro ó en los márgenes de la sociedad; su pregunta, entonces, será si su situación cuasi paria hará que queden simbólicamente “por dentro” ó “por fuera”.
Cuando se / nos plantea la pregunta,  especulo  que,  donde hubiera esperado un reconocimiento a la fecha y una adhesión, jóvenes escritores con blogs progresistas, populares, libertarios, encontró desdén y hasta desprecio.
Es decir, no sabemos si encontró respuesta a su primera pregunta, pero encontró lo que no hubiera querido encontrar en otro lado, lo que la llevó a escribir su “ajenos”.

Me parece sumamente interesante el “ajenos”. Porque, no recurro al diccionario, sino al lenguaje compartido por todos, lo ajeno es lo de los otros. Y notemos que veníamos hablando, si nuestra hipótesis  es correcta, del nosotros. Entonces ya no hablamos del tener, hablamos del ser; es decir, hablamos del sujeto. Entonces, vale tanto para la pregunta por el excluido como para la del que se aparta.

Nacional y popular, Discépolo diría que, en el punto del sujeto, estamos como en Cambalache: en el mismo lodo, todos manoseaos. Ricos y pobres, cultos y privados de escolarización, al fin y al cabo, daremos una respuesta desde nuestra subjetividad, en virtud de nuestras novelas familiares, deseos, frustraciones, logros, fracasos, experiencias significantes que dejan su huella en nosotros.

Se podrá decir, como en el caso de los jóvenes que permanecen ajenos u opuestos  que, como su visión de la historia  les indica que no se trató de una auténtica revolución (como si de éstas hubieran existido muchos casos), no tiene sentido el festejo.
Quizá algunos de esos pobres extremos que mencionaba Eva no comprenda muy claramente qué es lo que se festeja, pero sepa que le concierne, mientras que probablemente algunos de nuestros jóvenes no se sientan identificados.

No deberían extrañar diferencias marcadas entre generaciones que hoy tienen 45 años y más, y quienes tienen menos de 35 años. Tanto el mundo en general, como Argentina en particular han experimentado enormes cambios culturales en una corta cantidad de años.

Tengo opinión formada sobre la Revolución de Mayo. No es relevante para nadie, salvo para mí quizá. Probablemente tenga algunos puntos de acuerdo y otros de desacuerdo con lo que piensan estos jóvenes. Es lo que menos importa.

Porque, en todo caso, también forma parte de la subjetividad festejar no solamente con lo racional, sino con lo emotivo.  Está en juego el orden de la apropiación en su sentido pleno: el movimiento de hacer de algo lo propio. Un propio compartido: el nuestro.

Porque la patria no es solamente la historia y la política, son nuestros poetas, escritores, músicos, Madres, Abuelas, laburantes, estudiantes, los pibes.
 No pienso regalar la palabra patria a los que siempre la tomaron como propiedad privada; tampoco voy a discutir con quien no se sienta convocado ni partícipe.

Simplemente se trata de festejar 200 años de nosotros; algunos se lo perderán.              Yo prefiero disfrutar de esta emoción.

19 may. 2010

Obstinación de la Memoria (leer más)


Síganme, no los voy a defraudar
Un Peso, un Dólar / el alumno modelo del FMI
Las Relaciones Carnales
Envío de tropas al Golfo Pérsico
Atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA
La Feyari, la ostentación y la exhibición obscena
La Leche de Spadone
Bernardo & Mariano, Hadad & Longobardi : Menem es rubio y de ojos celestes.
Papá Alvaro, María Julia y Adelina,
Broda, Melconian, etc / la confianza, los inversores extranjeros
Kohan, Corach, Asís, Manzano
Los vuelos por la estratósfera                                             
Cavallo llorando con Norma Pla
Las “Privatizaciones” / Pizza y Champagne
Mi amigo Iorg Bush
Anillaco, casa y pista
La extraña muerte de Junior
Contrabando de armas a Ecuador  / Explosión de Río Tercero
Las AFJP
La escuela Shopping
Ruckauf : meter bala a los delincuentes
Dicen que soy aburrido
Cavallo nuevamente ministro / el Riesgo País
Coimas en el Senado
Renuncia de Chacho Alvarez
Antonito y el grupo Sushi, Shakira
Mega®canje y Blindaje
Corralito, Corralón.
Protesta Popular, represión y muerte.
El Helicóptero.
Asambleas Populares: que se vayan todos
Multiplicación de las ollas populares
No sé cuantos “presidentes” en dos semanas
Declaración del Default / ovación a Rodríguez Saa
Proclamación de Duhalde /  Megadevaluación y pesificación asimétrica
El que puso dólares recibirá dólares
Patacones y lecops
Kosteki y Santillán, asesinato en Puente Pueyrredón

Y tantas, tantas cosas más que en este momento no recuerdo.
Todo esto ha pasado solamente  entre 1990 y 2003, en un sufrido país que está a punto de cumplir 200 años. Todos estos tipos siguen estando, algunos en el Congreso, otros son dueños de medios o “exitosos empresarios”.

Créanme, en 2011  no seré un votante indeciso…